¿Cuánto tiempo lleva dedicado a la alfarería?
Pues llevo casi 30 años en este sector.
¿Cómo es la pieza con la que ha conseguido el primer pemio?
Merece el reconocimiento porque es una pieza que realmente se adapta al criterio etnográfico que tiene que tener el barro. Es una pieza de museo, porque es una pieza cultural. Su uso se perdió hace muchísimos años y yo gracias a mi madre que sabía como se fabricaban las sigo haciendo. No es el primer premio que lleva porque en La Rioja hace dos años me dieron un premio de 1.500 euros a la pieza etnográfica más importante de toda la feria y había piezas de toda España.
¿Cómo se llama y qué función tiene?
Se llama hornilla o anafre. Es el precedente del horno. Ponían dentro fuego y arriba ponían algo para hacer la comida. Es como un infiernillo antiguo.
¿Qué tal se mantiene el sector en la comarca?
Podemos decir que bien, porque se mantienen los puestos de trabajo y los talleres. El hecho de que no haya ningún taller que haya cerrado es buen síntoma. En un pueblo agrícola ganadero de Sayago es vital que aparte de las cosas del campo tengamos el regalo de la alfarería, que es bastante importante.
¿Qué le parece la celebración de esta feria?
La feria es un escaparate digno de tener en cuenta y ojalá mejore con el paso de los años. Es una representación de lo que hacemos. Creo que está bien conseguida.
¿Cómo se ve el futuro de la alfarería?
Pues es necesario cuidarlo, y creo que no sería complicado que las nuevas generaciones adquirieran estas tradiciones; pero para ello debería existir un taller escuela. Hay que mirar para el futuro, porque la gente se va haciendo mayor y tiene que venir gente de refresco por detrás que mantenga la tradición que lleva vigente miles de años.
Porque hasta ahora, ¿cuál era la forma de aprendizaje?
Se aprende de generación en generación. Yo aprendí de mi madre que es muy buena alfarera, probablemente la mejor (Pepa Tamame). Es la que me ha enseñado a mí y a mi cuñada y somos los herederos de una tradición familiar.



