Los inviernos más suaves en el centro y el norte de Europa reducen la llegada de aves acuáticas a Castilla y León, al permitir que encuentren alimento sin desplazarse tan al sur. El cambio se refleja en la disminución de los contingentes de diversas especies de patos y, de forma especialmente clara, en la desaparición del ánsar campestre como invernante en las lagunas de Villafáfila, su principal destino en España.
Así lo explicó Juan Carlos del Moral, coordinador del área de Seguimiento de Seo BirdLife y uno de los coordinadores del Atlas de Migración de las Aves en España, en una entrevista realizada por la periodista Lucía Sánchez- ICAL. El especialista señaló que numerosas aves continúan llegando a la Comunidad, pero en cifras inferiores a las registradas hace dos, tres o cuatro décadas, porque las condiciones en sus territorios de origen les permiten permanecer allí durante los meses fríos.
“El frío lo aguantan”, afirmó Del Moral, quien precisó que la falta de acceso al alimento es lo que impulsa estos desplazamientos. Cuando la nieve y el hielo cubren las zonas donde se alimentan, las aves necesitan buscar otros lugares. Sin embargo, unos inviernos menos rigurosos mantienen disponibles esos recursos y reducen la necesidad de viajar.
El ánsar campestre representa uno de los ejemplos más claros. El coordinador de SEO/BirdLife recordó que hace dos o tres décadas llegaban miles de ejemplares a pasar el invierno en el entorno de Villafáfila. Después, su presencia se volvió puntual hasta desaparecer como población invernante. “La podemos dar por extinguida como invernante en España”, señaló sobre esta especie, una situación que diferenció de la del ánsar común, que sigue llegando.
El descenso afecta también a otras aves acuáticas, aunque sin alcanzar ese extremo. Del Moral citó las cercetas, los ánades rabudos y los porrones moñudos entre las especies cuyos contingentes se redujeron, y explicó que algunas limícolas, aves que buscan alimento en el limo, permanecen en mayor medida en el centro y el norte de Europa.
Estos cambios forman parte del conocimiento reunido en el ‘Atlas de Migración: Comportamiento espacial y Dinámica temporal de las aves en España’, elaborado por SEO/BirdLife con la colaboración del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. La publicación analiza los movimientos de 342 especies a partir de 10.377.716 registros obtenidos entre 1905 y 2025 gracias al trabajo de miles de anilladores y colaboradores.
La obra permite conocer las conexiones entre las áreas de reproducción e invernada, las rutas migratorias y los lugares de descanso y alimentación. Además de las ediciones en papel y PDF, dispone de una plataforma digital con información sobre casi 500 especies, que incorpora nuevos datos de anillamiento y seguimiento. Su finalidad es también facilitar la protección de corredores y espacios esenciales para las aves y orientar la planificación del territorio.
Grullas y gansos
Pese a los cambios, Castilla y León mantiene un papel destacado como destino de invernada y territorio de paso. A finales de octubre y principios de noviembre llegan grullas y gansos, dos de los grupos más visibles, mientras que la presencia de otras aves acuáticas aumenta a lo largo de noviembre.
Del Moral situó el origen de las grullas en países como Noruega, Finlandia y Suecia, además del norte de Alemania y Polonia. En el caso de los gansos, mencionó también zonas de reproducción en los Países Bajos, Bélgica y el Reino Unido. Para estas aves, España constituye un destino de invierno y apenas continúan hacia África.
Los humedales de La Nava (Palencia) y Villafáfila, las lagunas de El Oso (Ávila) y espacios como el embalse de Rosarita también en Ávila, forman parte de los enclaves utilizados durante esta etapa. A ellos llegan también azulones, porrones comunes y otras especies que encuentran agua y alimento durante los meses fríos.
“El calendario migratorio comienza antes para muchas aves pequeñas. Durante agosto y septiembre, numerosos ejemplares procedentes del centro y el norte de Europa atraviesan Castilla y León camino del sur de España y de África. Papamoscas, currucas, alcaudones y ruiseñores comunes figuran entre las especies que utilizan el territorio durante esos desplazamientos”, explica.
Las riberas ofrecen lugares de descanso y alimentación gracias a los frutos de su vegetación y a la abundancia de insectos, según el técnico, quien significa que su importancia no se limita a las aves que permanecen todo el invierno, sino que alcanza a las que necesitan detenerse para recuperar energía antes de continuar el viaje.
Del Moral destacó el caso del carricerín cejudo, una pequeña ave en peligro de extinción que cría en el este de Europa y utiliza los humedales de Castilla y León en su migración hacia África. Su paso se ha registrado en La Nava y en carrizales del entorno de Villafáfila. “Estos espacios son clave para su supervivencia, ya que le permiten alimentarse y reponer fuerzas”, agrega.
Agua y alimento
La disponibilidad de agua condiciona la capacidad de estos lugares para acoger aves. El especialista llamó la atención sobre los humedales endorreicos, que dependen de las precipitaciones y no reciben aportes de los ríos. En el entorno de Villafáfila advirtió de la escasez de agua en la laguna central y de la existencia de otras próximas que permanecen secas.
Los campos de cultivo también reciben poblaciones invernantes. Entre ellas figuran el aguilucho pálido, las alondras comunes y las calandrias. Del Moral alertó del declive de las aves vinculadas a los medios agrícolas. y señaló la reducción de sus fuentes de alimento por el uso de herbicidas y pesticidas.
Asimismo, recordó que estos espacios albergaban grandes cantidades de saltamontes y grillos que servían de sustento a numerosas especies.
En las ciudades, la marcha de golondrinas, aviones comunes y vencejos deja una menor diversidad de aves durante el invierno. Entre las llegadas destacan los estorninos pintos, que forman dormideros de miles de ejemplares en parques y otros entornos urbanos. También aumentan las poblaciones de colirrojo tizón con individuos procedentes del norte de Europa.
“Las condiciones meteorológicas explican, además, las diferencias entre unos años y otros. Las olas de frío pueden provocar llegadas repentinas de aves que pierden el acceso al alimento en sus territorios habituales. Son las llamadas irrupciones, en las que pueden aparecer numerosos pinzones comunes, pinzones reales o camachuelos”, añadió.
Para observar las aves durante las próximas semanas, Del Moral recomendó enclaves como La Nava y Villafáfila, tanto por sus lagunas como por los hábitats que las rodea, e insistió en utilizar los observatorios y las sendas establecidas, evitar entrar en las zonas húmedas y recorrer las pistas más frecuentadas para reducir las molestias.
El ciclo volverá a cambiar a partir de marzo, cuando las aves que pasaron el invierno en la Comunidad comiencen a regresar al norte. Durante marzo y abril llegarán progresivamente las especies que permanecieron en África y que encuentran en Castilla y León sus lugares de reproducción.



