Durante años, las antiguas escuelas de Lobeznos dejaron atrás su primera vida. El edificio que había acogido a los niños del pueblo llegó a convertirse después en consultorio médico y vivienda del facultativo. Hoy vuelve a cumplir una función residencial, esta vez como vivienda destinada al alquiler social tras una actuación de más de 103.000 euros.

La historia de Lobeznos resume buena parte de la filosofía que hay detrás de Rehabitare: mirar de nuevo a edificios que ya existen, recuperar aquellos que han quedado en desuso y convertirlos en hogares para quienes necesitan una vivienda asequible. En los pueblos, donde cada inmueble recuperado puede contribuir a mantener actividad y población, la rehabilitación se convierte así en algo más que una obra.
Desde su puesta en marcha en Castilla y León, Rehabitare ha ido ampliando el parque público de alquiler social mediante la recuperación de inmuebles que, en muchos casos, habían perdido su función original. El programa, reinstaurado en 2016 después de su primera experiencia piloto, nació con una finalidad que sigue siendo central: facilitar el acceso a la vivienda y contribuir a mantener población en el medio rural. A ello se suma el impacto económico de unas obras que recaen en empresas y profesionales del territorio.
En Zamora, esa filosofía ha ido tomando forma a lo largo de los últimos años. La Junta calcula que, con las últimas actuaciones incorporadas al programa, la provincia alcanzará 69 viviendas rehabilitadas, con una inversión acumulada de 4,2 millones de euros. El nuevo convenio incorpora ocho viviendas en Carbellino, Hermisende, Pumarejo de Tera, Ricobayo de Alba, Nuez de Aliste, Vadillo de la Guareña, Villaferrueña y Villalpando, con una inversión de 832.000 euros, financiada al 50 por ciento entre la Junta y la Diputación.

Pero llegar a esa cifra ha sido un proceso progresivo. Ya en 2016, la provincia de Zamora incorporó ocho viviendas al programa, distribuidas en seis municipios, con una inversión de 306.870 euros. Desde entonces, el mapa se ha ido extendiendo por distintas comarcas de la provincia, con actuaciones que han permitido recuperar antiguas escuelas, casas de maestros, viviendas municipales y otros inmuebles que habían quedado vacíos.
Uno de los ejemplos más ilustrativos se encuentra precisamente en Lobeznos, donde la antigua casa del médico fue recuperada para volver a convertirse en vivienda. Otro se encuentra en Cerecinos del Carrizal, donde Rehabitare permitió transformar una casa construida en 1940, cuyo estado de conservación presentaba importantes deficiencias, en un inmueble preparado para el alquiler social. La actuación, de casi 95.000 euros, incluyó desde la renovación de las instalaciones hasta el aislamiento térmico, la impermeabilización, nuevas ventanas con doble acristalamiento y un sistema de calefacción mediante pellets.
La intervención en este tipo de inmuebles demuestra que recuperar una vivienda no consiste simplemente en devolverle su aspecto original. Buena parte de las actuaciones se orientan a mejorar la eficiencia energética, el confort y las condiciones de habitabilidad, adaptando edificios antiguos a las necesidades actuales.
En Muelas del Pan, por ejemplo, una de las viviendas rehabilitadas se encuentra en la primera planta de un edificio municipal que concentra varios servicios esenciales para el municipio: consultorio médico, servicio de urgencias, farmacia y guardería. La actuación, presupuestada en 98.494 euros, ha permitido recuperar un espacio que estaba sin uso mediante mejoras en aislamiento térmico y acústico, fontanería, saneamiento, electricidad y carpinterías, además de la instalación de aerotermia para agua caliente y un sistema de calefacción mediante hidroestufa de pellets.
La elección de los edificios y su transformación tiene, por tanto, una doble lectura. Por una parte, se recupera patrimonio municipal que permanecía infrautilizado. Por otra, se incorpora una vivienda al mercado de alquiler social en un entorno donde encontrar una vivienda disponible puede convertirse en una dificultad añadida para una familia, un joven o un trabajador que quiera instalarse.
Ese componente residencial es precisamente el que convierte a Rehabitare en una pieza de una estrategia más amplia. La vivienda, en este contexto, no funciona de manera aislada. Necesita estar acompañada de empleo, servicios, comercio, transporte, educación o sanidad. Pero, a la vez, todos esos recursos encuentran más dificultades para sostenerse cuando no hay vecinos.

La propia vicepresidenta segunda de la Junta, Isabel Blanco, ha situado esta cuestión en el centro de las políticas de vivienda de la Comunidad: “sin vivienda no hay cohesión territorial en nuestro mundo rural” y “sin vivienda no es posible generar oportunidades”. En esa misma línea, defendió una política coordinada entre la Junta, las diputaciones, los ayuntamientos y, cuando corresponda, el Estado.
La evolución de Rehabitare en Zamora refleja precisamente esa búsqueda de colaboración. El programa comenzó con financiación autonómica y posteriormente incorporó acuerdos con los obispados para intervenir en antiguas casas parroquiales, además de los convenios establecidos con las diputaciones provinciales. En el caso de Zamora, el primer convenio con la Diputación permitió actuar sobre otras ocho viviendas y el nuevo acuerdo suma ocho más.
La expansión del programa ha continuado durante los últimos años. En diciembre de 2023 se incorporaron Cerecinos del Carrizal, Belver de los Montes, Camarzana de Tera, Pumarejo de Tera y Riofrío de Aliste, con una inversión de 450.000 euros. En 2024 se sumaron Torres del Carrizal, Muelas del Pan, Fuente Encalada y El Maderal, con una inversión superior a 387.000 euros. Y en diciembre de 2025 llegaron nuevas incorporaciones con Otero de Bodas, San Cebrián de Castro, El Perdigón y Pedralba de la Pradería, con una inversión superior a 400.000 euros.
El resultado es un mapa que atraviesa buena parte de la provincia y que muestra también la capacidad del programa para adaptarse a la realidad de cada municipio. No existe una única tipología de edificio ni una única historia detrás de cada vivienda. Hay antiguas escuelas, casas vinculadas a servicios públicos y edificios municipales que han encontrado una segunda oportunidad después de años sin uso.
Y esa segunda oportunidad tiene también una dimensión económica. Las obras de rehabilitación movilizan recursos y actividad en los propios municipios y su entorno, al tiempo que permiten conservar edificios y revitalizar los cascos urbanos. Es uno de los efectos que la Junta destaca del programa junto al acceso a la vivienda y la fijación de población: rehabilitar, en este caso, también significa generar actividad y empleo local.
El ejemplo de Rabanales ayuda a completar esta fotografía. Allí, las antiguas escuelas han sido transformadas en una vivienda social de dos habitaciones, baño y cocina americana. El inmueble, una vez recuperado, ha sido adjudicado mediante concurso público con criterios sociales y cuenta ya con nuevos vecinos. La operación devuelve así uso residencial a un edificio municipal que permanecía en desuso y, al mismo tiempo, incorpora habitantes a la vida cotidiana de la localidad.
En esa transformación hay una idea que recorre todo el programa: una vivienda recuperada no termina su recorrido cuando finalizan las obras. Su verdadera utilidad comienza cuando abre la puerta a quien va a vivir en ella.
El acceso se dirige a personas que, por sus circunstancias o por sus recursos económicos, encuentran dificultades para acceder a una vivienda de alquiler a precios de mercado. En algunos municipios, los propios ayuntamientos regulan la adjudicación y establecen criterios sociales. En Pumarejo de Tera, por ejemplo, la convocatoria municipal contempla entre sus destinatarios a personas que no pueden acceder a una vivienda a precio de mercado y que están inscritas en el Registro Público de Demandantes de Castilla y León.
Del patrimonio público a las viviendas privadas
El siguiente paso pretende ampliar todavía más ese mapa. La Junta y la Diputación de Zamora preparan el Rehabitare Privado Junta-Diputación, un proyecto piloto que trasladará la filosofía del programa a viviendas de titularidad privada que actualmente están vacías o infrautilizadas en pequeños municipios.
La previsión es movilizar 1,2 millones de euros hasta 2029 para incentivar a los propietarios a rehabilitar estos inmuebles y destinarlos posteriormente a un alquiler asequible para personas y familias con rentas limitadas.
El planteamiento cambia el punto de partida, pero mantiene el objetivo. Si hasta ahora el programa ha actuado sobre viviendas municipales que necesitaban una segunda vida, la nueva iniciativa pretende hacer aflorar también parte del parque residencial privado que permanece vacío.
La consecuencia buscada es doble: ampliar la oferta de vivienda disponible y recuperar inmuebles situados en los cascos urbanos antes de que el paso del tiempo acelere su deterioro. Y, de nuevo, detrás de una actuación de rehabilitación aparece una cuestión mucho más amplia: la posibilidad de que una persona pueda elegir un pueblo de Zamora como lugar donde vivir.
Porque la vivienda es una pieza más de una ecuación territorial en la que también entran el empleo, los servicios y las oportunidades. Una empresa necesita trabajadores; un comercio, clientes; una escuela, alumnos; un municipio, vecinos. Y esos vecinos necesitan, antes que nada, un lugar en el que poder vivir.

Por eso el nuevo convenio que incorpora ocho viviendas no es únicamente el último capítulo de una sucesión de obras. Es la continuación de una estrategia que lleva años intentando recuperar espacios que parecían haber quedado fuera de uso y convertirlos en una parte activa de los pueblos.

De una antigua escuela a un hogar. De una casa cerrada a una vivienda asequible. De un edificio municipal vacío a nuevos vecinos. Rehabitare construye su recorrido en Zamora sobre esas pequeñas transformaciones que, sumadas, buscan resolver uno de los grandes desafíos del medio rural: que quien quiera quedarse, volver o empezar una nueva vida en un pueblo encuentre también una puerta que pueda abrir.



