El sistema educativo de Castilla y León se dirige hacia una profunda reconfiguración en los próximos diez años como consecuencia del cambio demográfico. La educación preuniversitaria vivirá un mapa de aulas cada vez más vacías, con la pérdida de 44.466 alumnos en las etapas de Primaria, Secundaria y Bachillerato hasta 2035, por la caída de la natalidad y la fecundidad “ultra baja”. La única alegría llegará en las aulas de la Educación Infantil, ya que la escolarización de cero a tres años aumentará en 10.758 entre 2025 y 2035 mientras que la segunda etapa de Infantil (tres a seis años) descenderá en 2.726 hasta 2030 aunque repuntará en 596 estudiantes el siguiente quinquenio.

El estudio ‘El impacto de la demografía en el sistema educativo español. Proyecciones a cinco y diez años’, publicado por la Fundación Ramón Areces y la Fundación Europea Sociedad y Educación y consultado por la Agencia Ical, se pregunta cómo cambiará la población en edades típicamente escolares y qué efectos tendrá esa evolución sobre el volumen del alumnado en el corto y el medio plazo. La monografía construye proyecciones para 2030 y 2035 que combinan, por un lado, las poblaciones subyacentes por edad, y, por otro, las tasas de matriculación que permiten traducir demografía en escolarización esperada.
El informe contempla que Primaria (6-11 años) perderá 20.681 alumnos en la próxima década. Este descenso será especialmente intenso hasta 2030, ya que las aulas de los colegios de la Comunidad en esta etapa podrían vaciarse con cerca de 15.000 niños. En el caso de la ESO, la matriculación caerá en 18.550 jóvenes. Aquí, la bajada se concentrará entre 2030 y 2035, con 12.582 menos. Son, sin duda, las etapas que más se resentirán puesto que la estimación en Bachillerato es perder 5.235 estudiantes, también concentrados en el segundo quinquenio, con 3.700 menos.
Por provincias, Valladolid será la más perjudicada en la enseñanza Primaria, al perder 5.037 alumnos, seguida de Burgos (-3.520), León (-3.509), Salamanca (-2.290) y Palencia (-2.117). A continuación, aparecen territorios como Zamora (-1.344), Ávila (-1.192), Segovia (-1.079) y Soria (-593).
El trabajo de investigación realizado por el catedrático de Sociología de la UNED y miembro del Grupo de Estudios Población y Sociedad (GEPS) Miguel Requena señala que Castilla y León mantendrá una senda de retroceso en todas sus provincias durante los diez años, aunque con una intensidad mucho menor en el tramo final, especialmente en Ávila y Soria, que rozarán la estabilidad hacia 2035.
En Secundaria, se repite el patrón con Valladolid a la cabeza (5.232 menos), aunque León (-3.368) adelanta a Burgos (-2.910), seguidas de Salamanca (-2.327), Ávila (-1.270), Zamora (-1.098), Segovia (-1.046) y Palencia (-943), todos ellos entre 2030 y 2035. Soria, de nuevo, cierra el listado, con una previsión de que las aulas pierdan 356 estudiantes.
Las proyecciones provinciales de bachilleres para el próximo decenio “consolidan”, según recogió Ical, su tendencia al vaciamiento, especialmente en los territorios más poblados. El caso más claro es de Valladolid, ya que la previsión es que pierda 1.727 alumnos en la etapa postobligatoria, lo que supone un tercio del total de estudiantes de la Comunidad, que asciende a 5.235. El grueso del retroceso en la provincia vallisoletana se producirá entre 2030 y 2035.
Algo similar ocurre en Burgos, que restará 1.126 alumnos de Bachillerato, la mayor parte, también, en el segundo quinquenio. Ambos territorios acaparan el 55 por ciento de la merma de bachilleres. Les siguen Salamanca (576 estudiantes menos), León (-469), Ávila (-435), Zamora (-335), Segovia (-263) y Soria (-81).
El estudio, que excluye los grados de Formación Profesional (FP), alerta que el sistema educativo español se encamina hacia una transformación de raíz demográfica “muy relevante” que redefinirá la estructura de los centros de Enseñanza Secundaria en la próxima década.

Según las proyecciones de las variaciones absolutas para los periodos 2025-2030 y 2030-2035, el país experimentará un descenso “progresivo y acelerado” de su población escolar en la fase obligatoria de la ESO, al pasar en el país de una pérdida inicial de casi 100.000 alumnos a una caída que rozará los 300.000 en el segundo quinquenio. Un fenómeno que, en opinión de las fundaciones Ramón Areces y Sociedad y Educación, marcará el futuro de las políticas educativas de las comunidades autónomas.




