El consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, ha mantenido una reunión de trabajo con la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia (RUCTL) para analizar la situación del sector y avanzar en líneas de colaboración dirigidas a reforzar la viabilidad económica de las explotaciones, mejorar la sanidad animal e impulsar la innovación, la digitalización y la valorización de la carne de bravo.
Pino, que ha estado acompañado por la secretaria general de la Consejería, Mercedes Buendía, y por el director general del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL), David González, ha trasladado un mensaje claro a los criadores: el toro bravo es, ante todo, ganadería, y sus explotaciones deben ocupar el lugar que les corresponde dentro de las políticas agrarias de Castilla y León y España. «El toro bravo es la mayor seña de identidad nacional. Es ganadería, selección genética, sanidad animal, alimentación, manejo, territorio, economía y cultura. Detrás de cada animal hay años de trabajo, inversión y conocimiento de un ganadero. Y nuestra obligación es contribuir a que esas explotaciones puedan seguir siendo viables y tengan futuro», ha afirmado.
Una ganadería singular y profundamente vinculada al territorio
La Real Unión de Criadores de Toros de Lidia, fundada en 1905 y reconocida con el título de Real en 2022, gestiona para sus ganaderías el Programa de cría de la raza bovina de lidia y desarrolla actuaciones relacionadas con la representación del sector, la digitalización, la transferencia de conocimiento, la carne de bravo y otras vías de diversificación.
La organización cuenta con una importante implantación en Castilla y León. Los últimos datos disponibles en la documentación técnica de la Consejería, correspondientes a 2025, reflejaban 69 ganaderías asociadas y 17.164 animales en la Comunidad.
El consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, ha defendido que la conservación de la raza debe ir necesariamente acompañada de rentabilidad, profesionalidad y relevo generacional. «El mejor futuro para el toro bravo es que haya ganaderos que quieran seguir criándolo. Para eso hacen falta explotaciones rentables, estabilidad, investigación útil y oportunidades económicas. Preservar este patrimonio exige mantener viva la actividad ganadera que lo hace posible», ha señalado.





