El ruido de los cencerros recorre las calles y los alrededores de Sitrama de Tera. Medio millar de ovejas pastorean por esta localidad del norte de Zamora bajo las órdenes de Víctor Pérez, su hermano o su padre.
Víctor Pérez a sus 26 años vive en Sitrama junto a su familia y, junto a su hermano pequeño de 22 años, lleva las riendas de un rebaño de alrededor de las 500 ovejas de su padre. Pese a haber estudiado para ser guarda forestal, el presente de este joven zamorano está vinculado en estos momentos al mundo de la ganadería.
Los dos hermanos son de las pocas caras que renuevan un sector marcado por la falta de relevo generacional y la ausencia de rostros nuevos. Rostros que en el caso de la familia Pérez si parecen tener cambio para seguir con una tradición familiar marcada por el trabajo como pastor de los antecesores.

Pese a los reclamos del abuelo y el padre para que eviten seguir dirigiendo al ganado y busquen otros caminos, Víctor Pérez tiene claro que “alguien tiene que quedarse con el sector primario”. Un punto de vista que une a su pasión por un mundo “muy esclavo y muy difícil” y al que se puede hacer frente únicamente si “te gusta”.
El “contacto con la naturaleza” a diario es parte del encanto que este joven de Sitrama de Tera explica como uno de los puntos fuertes de una profesión donde el ganado marca el día a día, teniendo que recorrer kilómetros para que las ovejas puedan pastar y mantener una tradición cada día más apagada a causa de la mayoría de ganado estabulado.
Por ahora, pese a que el futuro de la ganadería parece estar cada vez más alejado de los jóvenes, la propuesta de Víctor Pérez para hacer frente a este reto y atraer nuevas manos y profesionales pasa por “dar a conocer” una profesión que muchas personas desconocen y que pudiendo descubrir de primera mano podría atraer a personas a acercarse al mundo rural.



