La remolacha azucarera recupera terreno en Castilla y León después de varias campañas marcadas por la caída de los rendimientos, las dificultades fitosanitarias y el incremento de los costes de producción. El cultivo alcanza las 19.493 hectáreas en 2026, frente a las 18.854 del ejercicio anterior, lo que supone un crecimiento del 3,4 por ciento, con 639 hectáreas adicionales. Una recuperación que, sin embargo, presenta importantes diferencias provinciales y llega en un momento de incertidumbre por los bajos precios del azúcar y el futuro de las ayudas europeas.
La evolución territorial refleja que cuatro provincias incrementan su superficie de remolacha, mientras que las otras cinco registran descensos. Salamanca protagoniza el mayor crecimiento porcentual y absoluto, al pasar de las 1.454 hectáreas de 2025 a las 2.002 de 2026, lo que representa un aumento del 37,7 por ciento y 548 hectáreas adicionales. Le sigue Ávila, con un incremento del 19,4 por ciento, desde las 1.082 hasta las 1.292 hectáreas, mientras que Zamora registra un crecimiento del 12,6 por ciento, al pasar de 1.450 a 1.633.
León mantiene su posición como principal provincia productora por superficie, con 6.315 hectáreas, frente a las 6.166 del ejercicio anterior, lo que supone un incremento del 2,4 por ciento. De esta manera, concentra el 32,4 por ciento de toda la superficie regional dedicada a la remolacha, prácticamente una de cada tres hectáreas, informa Ical.
Por el contrario, Valladolid, segunda provincia con mayor extensión, reduce su superficie un 3,2 por ciento, desde las 4.776 hasta las 4.621 hectáreas. También registran descensos Burgos, con 1.275 hectáreas frente a las 1.342 anteriores, un cinco por ciento menos, y Palencia, que pasa de 1.731 a 1.697, con una caída del dos por ciento.
Las reducciones más pronunciadas se producen en Segovia, donde la superficie disminuye un 26,1 por ciento, desde las 620 hasta las 458 hectáreas, y Soria, que pierde un 14,2 por ciento, al pasar de 233 a 200.
El calor y las restricciones fitosanitarias
La campaña agrícola ha estado marcada por las elevadas temperaturas del verano y la escasez de precipitaciones, que han incrementado las necesidades de riego y dificultado el desarrollo de las plantas. “La remolacha es un cultivo de Centroeuropa, no quiere tanto calor en verano”, explica Posadas, quien reconoce que las condiciones meteorológicas han perjudicado la producción, aunque también han limitado la incidencia de determinadas enfermedades, como la cercospora.
Pese a ello, entre agosto y septiembre el peso medio de las raíces aumentó alrededor de un 19 por ciento y la polarización creció 0,88 puntos. La evolución del otoño será determinante para mejorar los rendimientos y la riqueza azucarera.
“Estamos deseando que llueva y que empiece realmente a hacer otoño para que la remolacha, con una hoja sana como tiene en este momento, empiece a generar más kilos y azúcar”, afirma.
Posadas recuerda que los rendimientos descendieron durante las dos campañas anteriores fundamentalmente “por la prohibición de determinados productos fitosanitarios sin alternativas suficientes”, aunque considera que la mejora de los productos disponibles y la profesionalidad de los agricultores están permitiendo recuperar la productividad.
A las dificultades agronómicas se suma la incertidumbre económica. Acor mantiene un precio mínimo garantizado de 55 euros por tonelada para la presente campaña, aunque contempla la posibilidad de incrementar esta cantidad si los resultados económicos lo permiten.
“El azúcar sigue estando muy barato, pero todos los azucareros sabemos que va a subir, y va a subir bastante”, asegura Posadas, quien confía en una recuperación del mercado por el déficit de producción en Europa y la menor disponibilidad mundial de azúcar de caña.
Futura PAC
Sin embargo, la rentabilidad del cultivo también depende de las ayudas europeas. El presidente de Acor considera imprescindible mantener los apoyos de la futura Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2028-2034, especialmente para compensar los elevados costes del regadío. “No podemos perder ni un euro de apoyos a la remolacha”, advierte, al considerar que los agricultores necesitan estas ayudas para competir en un mercado internacional con condiciones de producción diferentes. Una reivindicación compartida por el consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, quien defiende que la nueva PAC mantenga e incremente los apoyos al cultivo.
“Queremos que siga habiendo y que se incrementen esas ayudas”, sostiene el consejero, quien también reclama mayores facilidades para acceder a productos fitosanitarios y reciprocidad en los acuerdos comerciales con terceros países, especialmente ante la competencia del azúcar procedente de Brasil.
La remolacha azucarera ha desempeñado históricamente un papel fundamental en numerosas comarcas agrícolas de Castilla y León, especialmente en las provincias de León, Valladolid, Ávila, Palencia y Burgos. Su cultivo ha contribuido durante décadas a generar ingresos, mantener explotaciones familiares y favorecer el desarrollo económico del medio rural.
Pino recuerda que la remolacha “ha sido un cultivo social” que permitió a numerosas familias de agricultores mejorar sus condiciones de vida y proporcionar estudios universitarios a sus hijos. “Ese futuro mejor que se ha conseguido con la remolacha es el que queremos devolver a esta zona, que vuelva a ser un referente”, concluyó.



