Pagar la vivienda se ha convertido en uno de los principales condicionantes de la economía doméstica de los trabajadores. En Castilla y León, el 30% de los empleados destina más de la mitad de su sueldo mensual al alquiler o la hipoteca, una proporción que sitúa a la Comunidad en la séptima posición nacional en sobreesfuerzo residencial.
Así lo refleja un estudio elaborado por Randstad a partir de una encuesta a una muestra representativa de 5.700 profesionales. El análisis revela que el 17,5% de los trabajadores castellanoleoneses emplea entre el 50% y el 65% de su nómina en pagar la vivienda, mientras que otro 12,5% supera incluso ese umbral y dedica más del 65% de sus ingresos al hogar.
En el otro extremo, solo el 16,4% consigue mantener el gasto residencial por debajo del 25% de su salario. La mayoría, un 38,4%, destina entre una cuarta parte y la mitad de sus ingresos a este concepto, mientras que un 15,1% no declara cuánto dinero emplea en la vivienda.
El porcentaje de Castilla y León queda por debajo del registrado en Canarias (42,7%), Madrid (36,3%), Castilla-La Mancha (34,7%), Cataluña (34,3%), Andalucía (30,6%) y Comunidad Valenciana (30,1%). En el lado contrario, comunidades como País Vasco, Asturias y Galicia presentan una proporción mayor de trabajadores que consiguen mantener el gasto por debajo de una cuarta parte de sus ingresos.
La vivienda se lleva más de la mitad del sueldo del 37,6% de los españoles
La situación de Castilla y León se enmarca en un escenario nacional en el que el 37,6% de los trabajadores destina más de la mitad de su salario a pagar el alquiler o la hipoteca. De ellos, un 24,1% emplea entre el 50% y el 65% de su nómina y un 13,5% supera el 65%.
El estudio también evidencia diferencias por sexos. El 36,8% de las mujeres dedica más de la mitad de su sueldo a la vivienda, frente al 26,7% de los hombres. La distancia se mantiene en las situaciones de mayor presión económica: un 14% de las trabajadoras destina más del 65% de sus ingresos al hogar, frente al 8,8% de los trabajadores.
Por edades, el mayor esfuerzo residencial se concentra entre los 25 y los 44 años. En esta franja, el 35,3% emplea más de la mitad de su salario en la vivienda, frente al 30,2% de los mayores de 45 años.
El nivel formativo también marca diferencias. Entre quienes cuentan con estudios de posgrado, el 28,1% consigue mantener el gasto residencial por debajo del 25% de sus ingresos. En cambio, entre las personas con estudios obligatorios, el 34,8% dedica más de la mitad de su salario a la vivienda.
La vivienda condiciona la satisfacción con el salario
El peso de los gastos residenciales también tiene reflejo en la percepción que los trabajadores tienen de sus nóminas. Según Randstad, entre quienes se declaran nada satisfechos con su salario, el 54,9% destina más de la mitad de sus ingresos a pagar la vivienda.
En el extremo contrario, el 80% de quienes están bastante satisfechos con su sueldo emplea la mitad o menos de sus ingresos en el hogar.
La presión económica también alcanza a los hábitos cotidianos. Entre los trabajadores que reconocen haber tenido que recortar o ajustar su consumo por el coste de la vida, el 42,4% destina más de la mitad de su salario a la vivienda.
Tampoco el pluriempleo garantiza un mayor margen económico. El 45,7% de las personas que tienen más de un trabajo dedica más de la mitad de sus ingresos a cubrir los gastos residenciales, según los datos del estudio.



