El 18 de septiembre de 1968 murió en Ciudad de México León Felipe, uno de los grandes poetas españoles del exilio. Tenía 84 años y llevaba tres décadas lejos de España. Había dejado atrás la Guerra Civil, había convertido la derrota y el desarraigo en materia literaria y había hecho de México su casa. Este viernes se cumplen 58 años de su muerte.
La historia, sin embargo, había comenzado muchos kilómetros al otro lado del Atlántico, en una localidad de Zamora. León Felipe nació en Tábara el 11 de abril de 1884, con el nombre de Felipe Camino Galicia de la Rosa. Apenas pasó allí sus primeros años. Cuando tenía tres años, su familia abandonó el pueblo y su vida continuó entre Salamanca, Santander y Madrid, antes de emprender un recorrido que le llevaría también a Guinea, Estados Unidos y México.
Ese itinerario terminaría marcando su obra. Antes de convertirse en escritor fue estudiante de Farmacia, farmacéutico, actor y viajero; pasó tres años en prisión por las dificultades económicas derivadas de una farmacia que no salió adelante y fue allí donde leyó El Quijote, una obra que acabaría convirtiéndose en una referencia fundamental de su pensamiento y de su poesía.
La literatura llegó después de varios fracasos y de varias vidas. En Madrid entró en los círculos literarios y, en 1920, presentó en el Ateneo los poemas que formarían Versos y oraciones de caminante. Fue entonces cuando aquel Felipe Camino comenzó a ser para siempre León Felipe, el nombre con el que acabaría firmando una obra marcada por una idea que le acompañaría durante décadas: la del hombre que camina sin terminar de encontrar su sitio.
A partir de ahí empieza también la historia de un poeta que difícilmente puede entenderse sin sus viajes. México fue primero una oportunidad y después un refugio, el país desde el que desarrolló buena parte de su carrera y al que regresó tras el estallido de la Guerra Civil. Allí conoció a Berta Gamboa, trabajó como profesor y bibliotecario y consolidó una voz literaria cada vez más reconocible.





