Un viaje a través de la memoria, el tiempo y el espacio, así es Regressar. El Museo Etnográfico de Castilla y León acoge desde hoy este proyecto creado por Raquel Díaz Jiménez, artista graduada en Bellas Artes que hace nueve años se propuso contar la historia reciente de Beira Alta y de la dictadura en Portugal a través de la memoria popular.
Para conseguirlo, Raquel escuchó. Recorrió esta región del interior de Portugal, habló con sus habitantes, rebuscó en sus historias familiares para reconstruir un relato a través de ilustraciones —la veintena que se exponen en el museo y otras muchas inacabadas que no han salido a la luz—. De esas conversaciones surgieron los textos que acompañan a sus dibujos y que recorren la vida rural, la pobreza durante la dictadura, la emigración y el exilio, pero también la Revolución de los Claveles, la guerra colonial y el progresivo abandono del territorio. Una despoblación que recuerda a la que se vive aquí, al otro lado de la frontera.
Regressar se articula en tres fases: partir, regresar y ficar —quedarse—. La marcha, forzada por la pobreza o motivos políticos en la mayoría de ocasiones. Raquel expone la sorpresa que le causaban las historias de emigración clandestina: personas que abandonaban Portugal escondidas en trenes y que se ponían en manos de traficantes hasta alcanzar Francia, Suiza o Luxemburgo.
Después el regreso, tras la Revolución de los Claveles en abril de 1974, que abrió la puerta a las libertades políticas. Y finalmente está el quedarse, hasta hoy, medio siglo después, en una tierra marcada por el silencio y la despoblación, pero que en realidad tiene muchas cosas que contar como ha demostrado Raquel.
Ese viaje también se cuenta con los colores. Las primeras imágenes presentan tonos apagados, acordes a la dureza de los años de dictadura. A medida que avanza el relato y llega la libertad, aparecen los azules, amarillos y rojos, colores vivos que reflejan la diversidad de ideas. Entre las imágenes destaca la que protagoniza el cartel de la exposición: una casa típica del país luso, con azulejos en su fachada, símbolo de quienes regresaban del extranjero y levantaban viviendas ostentosas que demostraban su prosperidad.
Las ilustraciones son el resultado final de un proceso largo y laborioso, que comenzó con el trabajo de campo, la investigación y las entrevistas, y continuó con los dibujos, la forma de reflejar esas historias. Raquel inició unos bocetos realizados a mano, que después escaneó y coloreó digitalmente, combinando en algunas piezas la fotografía y el dibujo.
También hay espacio para la cerámica, con un gran clavel que remite directamente al momento de la revolución que puso fin a la dictadura. Bajo una apariencia delicada de todos esos dibujos, se esconden historias reales. "Hay algunos testimonios que son realmente muy duros", reconoce la artista.
"Quería dignificar las vivencias de estas personas", resume Raquel. Y es que los textos que acompañan a las imágenes son justamente un "relato coral" que une todas las voces de las entrevistas realizadas en años anteriores. El proyecto nació en 2017 a partir de unas residencias artísticas en Portugal, y después el trabajo ha pasado por distintos espacios como el Museo Etnolóxico de Ribadavia (Ourense) o el Museo do Pobo Galego (Santiago de Compostela).
La cercanía en espacio y en esencia de la historia, han hecho que Regressar llegue a Zamora hasta el próximo 10 de enero. Mientras tanto, Raquel confía en que el proyecto pueda dar algún día el salto al papel y se convierta en un libro ilustrado que ya lleva tiempo construyéndose. Hasta entonces, las paredes del Museo Etnográfico sirven de páginas y el visitante podrá recorrerlas siguiendo una historia desconocida para muchos y que guarda grandes secretos de la represión, libertad y abandono que han vivido nuestros vecinos portugueses en el mundo rural durante el último siglo.



