Hay conciertos que se escuchan. Y hay conciertos que se viven como una conversación entre desconocidos que, durante un par de horas, deciden ponerse de acuerdo en algo. Lo de este miércoles en la Plaza Mayor de Zamora fue más bien lo segundo. La llamada Noche Indie de las fiestas de San Pedro reunió a El Nido y a Sanguijuelas del Guadiana, dos grupos separados por cientos de kilómetros, pero unidos por una misma idea: que la tradición no está vieja, simplemente estaba esperando a que alguien la enchufara a un amplificador.

Primero apareció El Nido. Los burgaleses, convertidos ya en una referencia del nuevo folk castellano, desplegaron ese repertorio que parece construido con madera vieja y mirada contemporánea. Hay algo fascinante en su propuesta: consiguen que una jota, una ronda o una melodía heredada de los abuelos no suene a museo, sino a presente. Y eso, en una Plaza Mayor abarrotada de jóvenes, familias y curiosos, tiene bastante mérito.
La sensación era extraña y hermosa a la vez. Como si alguien hubiera abierto una ventana y hubiera entrado Castilla de golpe. Sin postureo. Sin artificios. Música popular para gente normal, que a veces es la fórmula más difícil de encontrar.
Después llegó el turno de Sanguijuelas del Guadiana y la noche cambió de velocidad. Los extremeños aterrizaron en Zamora con esa mezcla de rumba, rock, fiesta rural y descaro que les ha convertido en una de las revelaciones musicales de los últimos meses. Su concierto fue una celebración permanente, un homenaje a los pueblos sin complejos y a esa España que muchas veces aparece en los mapas, pero pocas en las canciones.
Lo suyo no es solo música. Es una actitud. Una reivindicación envuelta en sonrisas. El orgullo de venir de donde vienes sin pedir permiso a nadie.
La Plaza Mayor respondió como responden las plazas cuando la música acierta. Cantando, bailando y olvidándose por un momento de que era miércoles. Porque la sensación, avanzada ya la noche, era más propia de un sábado de agosto en cualquier pueblo de la península que de una jornada laboral a mitad de semana.
Y quizá ahí estuvo la clave. Mientras tantas propuestas culturales buscan desesperadamente ser modernas, El Nido y Sanguijuelas del Guadiana demostraron que a veces la verdadera modernidad consiste en mirar hacia atrás sin nostalgia. En coger las raíces y convertirlas en una fiesta.

La Noche Indie de San Pedro prometía ser uno de los platos fuertes del programa festivo. Acabó siendo algo más: una reivindicación de la música hecha desde la tierra para llenar plazas enteras. Y, a juzgar por la respuesta del público, Zamora compró la idea desde la primera canción.




