Los vecinos que este sábado han pasado por la plaza del Seminario se han encontrado con una imagen cuanto menos insólita. La estatua de San Alfonso de Zamora ha amanecido con unos calzoncillos colgados de una de sus manos, en un aparente acto vandálico que no ha pasado desapercibido en uno de los enclaves de mayor simbolismo religioso de la capital.
La escultura representa al santo en actitud predicante y preside el centro de la plaza, donde se encuentran además el Seminario de San Atilano y la iglesia de San Andrés. Precisamente esa ubicación ha hecho que la escena llamara especialmente la atención de quienes transitaban por la zona a primera hora de la mañana.
Por el momento se desconoce quién o quiénes colocaron la prenda sobre la escultura, ni cuándo se produjo el hecho, aunque todo apunta a que ocurrió durante la pasada madrugada.
La estatua recuerda la figura de San Alfonso de Zamora, nombre con el que es conocido Alfonso Rodríguez Olmedo, nacido en la capital zamorana el 10 de marzo de 1598 en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. Tras estudiar sus primeros años en Zamora, ingresó en la Compañía de Jesús en Salamanca en 1614.
Aunque su intención inicial era continuar su formación en Pamplona, el encuentro con el jesuita Juan de Viana, procurador de las misiones del Paraguay, cambió el rumbo de su vida. Embarcó desde Lisboa junto a otros 37 compañeros rumbo a Sudamérica, donde fue ordenado sacerdote en 1624 y desarrolló una intensa labor misionera entre los guaycurúes, convirtiéndose en el primero en aprender su complejo dialecto.
En 1628 fundó junto a Roque González de Santa Cruz el pueblo de Todos los Santos de Caáro, en el actual Paraguay. Allí encontró la muerte el 15 de noviembre de ese mismo año, con apenas 30 años, cuando fue asesinado a golpes de maza de piedra mientras supervisaba la colocación de una campana en la plaza de la misión.





