Miradas lastimeras, eufemismos, y una condescendencia que no es sino disfrazar de tabú una realidad que existe en la sociedad, como son las personas con necesidades especiales, y todo lo que engloban sus diferentes condiciones, tanto a nivel social, como a nivel educativo. EBO, TVA, PT o AL son letras que, por mero desconocimiento, pueden no decir nada para una gran parte de la población, pero son letras con un gran significado y, sobre todo, mucho trabajo y una vocación enorme detrás.
Buena conocedora de este hecho es Alexandra Peláez, una maestra zamorana de Audición y Lenguaje (AL). Y es que, según explica, el funcionamiento de un Centro de Educación Especial es muy diferente al de un centro ordinario. "En un Centro de Educación Especial todos los maestros tienen que tener la mención de Pedagogía Terapéutica (PT) o la de AL, digamos que cada aula tiene un maestro y muchos menos niños que en un cole ordinario", señala. "Se intenta adecuar los grupos a las necesidades de cada alumno, mediante criterios de compatibilidad de sus características", añade.
Asimismo, no solo cambia la configuración de las aulas, sino que el sistema también está diseñado de manera distinta. "No es Primaria, Secundaria y demás, está EBO, que es Educación Básica Obligatoria desde los 6 a los 16 años, y luego la TVA, que es la Transición a la Vida Adulta hasta los 21".
A pesar de las dificultades, la pasión y la vocación que Alexandra siente por el magisterio es total. "Cada avance de uno de los niños, para cualquier persona que no esté día a día con ellos es muy poca cosa, pero es una auténtica pasada, yo me emociono muchísimo", comenta. No obstante, también es plenamente consciente y habla sin tapujos de la parte no tan bonita de esta enriquecedora profesión. "Hay que saber que no todos mejoran, y los hay que tienes que trabajar con ellos para que no vayan para atrás, porque tienen enfermedades degenerativas o por lo que sea", señala. "Verás a niños morir, pero merece la pena hacerlos felices", afirma.
En ese sentido, manifiesta Alexandra que "trabajar en un centro de PT es como hacer de 'mamá' de los nenes". "Te vas a encontrar niños ciegos, sordos o con cualquier tipo de discapacidad física o intelectual, la mayor parte de las veces te encuentras niños de 6 o 15 años con una edad cognitiva similar a la de un bebé, entonces es una complejidad enorme y requiere de una vocación todavía mayor", apostilla.
"Con estos niños, una maestra de educación especial es casi como una 'segunda mamá', tiene que saber todo de ellos, cuánto ha dormido cada día, si tiene problemas digestivos, para saber qué puede hacer con ellos cada día", explica.
Cabe mencionar que en la provincia de Zamora solo hay un Centro de Educación Especial. "Es una vergüenza que solo haya un centro, aunque la Junta te pone transporte especial adecuado a cada necesidad, pero un niño no puede pegarse horas de coche para llegar a su centro, eso en el caso de que no esté interno"; lamenta esta joven zamorana.
Esta joven, natural de San Pedro de Ceque, manifiesta también que queda mucho trabajo por delante como sociedad para afrontar la discapacidad con una mayor naturalidad. "La sociedad tiene ese 'rechazo' por el simple desconocimiento", explica y añade que "no podemos seguir mirando a las personas con discapacidad con pena, tenemos que mirarlas como lo que son, personas como cualquiera, pero que tienen que hacer frente a una condición diferente". Un ejemplo de la exclusión de estas personas es que los centros de educación especial están siempre alejados de centros urbanos, "ya que arrastramos ese rechazo de manera histórica".
De esta manera, insiste Alexandra en la importancia de dar visibilidad a estas personas para que se cierren los tabús y el miedo a lo desconocido y diferente. Así pues, ese rechazo a lo desconocido es el principal pretexto de la sociedad para no afrontar la educación de personas con necesidades especiales con la corrección y la dedicación que requiere. Y es que esto no es solo trabajo de las maestras y maestros de Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje, sino que toda la sociedad debe poner su grano de arena, para ayudar no solo a las personas con determinada condición, sino también a sus familias para favorecer su inclusión en el conjunto global de la población.



