La alfarería tiene la honrosa distinción de ser considerada como uno de los oficios más antiguos de la historia de la humanidad. Como tal, Zamora rinde pleitesía un año más a tan tradicional labor, convirtiéndose en epicentro de la cerámica y la alfarería por quincuagésimo cuarto año.

Son, pues, cincuenta y cuatro ediciones de la feria que cada año 'inunda' la Plaza de Viriato de las muestras de que el talento y el amor por un oficio se transmiten de generación en generación. Ejemplo de ello es Juan José Pajares, miembro de todo un linaje de alfareros que se pierde en el tiempo en el siglo XIX. Según explicaba a Zamora24horas, "mi padre fue uno de los que inauguró la feria hace ya más de cincuenta años".
En su caso personal, lleva acudiendo religiosamente a la feria zamorana durante los últimos "25 o 26 años". "Ahí seguimos con la tradición familiar", comenta y añade que está "encantado de seguir viniendo porque Zamora es una ciudad que nos encanta y la feria funciona muy bien".
Coincide con este punto de vista la alfarera portuguesa Cristina Domingues, que lleva acudiendo también más de dos décadas a la feria, junto con su marido Armando, y con sus piezas elaboradas tradicionalmente en Coímbra. "La feria es magnífica, el sitio es muy bueno, las ventas son muy buenas y las personas son muy acogedoras", afirma a Zamora24horas.

Ambos coinciden, además, en que la evolución de la feria ha sido "muy buena" a lo largo de los años. Juan José Pajares destaca que "para ser una ciudad pequeña, se mantiene estupendamente bien". "Tiene muy buena salud y la verdad es que la gente se vuelca con la feria", comenta.
Otro detalle a tener en cuenta es el hecho de que la cerámica y la alfarería pueden tener muchas caras. "Nuestra cerámica es un poco más fina, más trabajada, en España hay muy buena cerámica, pero la nuestra es un poco más minuciosa", apuntaba Cristina Domingues. En este sentido, Juan José Pajares apuntaba que, en lo que se refiere a la evolución de las ventas, "la gente quiere cosas utilitarias, la cosa más decorativa ha pasado un poco a un segundo plano".

Más fina o menos, más útil o, simplemente, ornamental, la cerámica y la alfarería ya inundan Zamora de un aire de tradición y amor por un trabajo. "Hay gente que quiere una cosa más estable y con un suelo fijo, pero yo estoy encantado con mi oficio", apostillaba Juan José Pajares. Es ello una muestra de que, mientras haya quien luche por mantener vivas las tradiciones, jamás podrán perderse.




