El pasado 9 de marzo se publicaba la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias. El aspecto que más destaca el informe es que el alcohol es la droga más extendida entre los estudiantes españoles debido a la baja percepción del riesgo que este supone, seguido por el tabaco y la marihuana. Los jóvenes españoles se inician muy temprano en el consumo de drogas. La edad media se sitúa entre los 13 y los 16 años, aunque pueden distinguirse dos etapas dependiendo de la sustancia: Entre los 14 y los 16 años se produce un aumento considerable de alcohol, tabaco y cannabis, y entre los 16 y 18 años se produce la entrada masiva de los jóvenes en el consumo de cocaína, éxtasis y anfetaminas.
En esta línea de trabajo se ha realizado un pequeño sondeo entre un centenar de jóvenes universitarios de la ciudad. A pesar de que sea un sondeo aproximativo (y los datos no sean concluyentes) reflejan, en mayor o menor medida, el consumo que se hace de diversas sustancias en la ciudad.
En primer lugar, y como no podía ser de otra forma, las drogas más consumidas son con mucha mayor frecuencia e intensidad el alcohol y el tabaco. Respecto al primero casi la totalidad de los entrevistados habían bebido este último mes y todos habían bebido alguna vez en su vida. Una de las principales características respecto al alcohol es la manera de utilizarlo: prácticamente nadie bebe solo, es decir, "salir de copas" para los universitarios es principalmente un acto social.
El consumo se intensifica durante los días de fiesta y con fines lúdicos (entorno al 90% así lo afirma), y sólo hay que darse un paseo de noche el fin de semana por el centro para ver esta realidad. Todo ello en una situación donde los adolescentes comienzan a beber antes y más a menudo. Las leyes contra el botellón no están dando sus frutos como demuestran las encuestas y, quizá, nuestra ciudad haya sabido capear este problema con precios asequibles por parte de los hosteleros. El tabaco es, según este sondeo, menos consumido que el alcohol (lo consume algo más de la mitad de los universitarios) y presenta algún matiz curioso: también tiene un gran componente de droga social, aunque a priori parezca que no, ya que muchos de los encuestados respondieron que sólo fumaban los días de fiesta y con más gente (entorno al 60% en ambos casos).



