El Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP) reclama una estrategia nacional para identificar las zonas con mayor riesgo de contaminación por plomo y realizar análisis de sangre a los niños que viven en esos entornos. El objetivo es detectar la exposición antes de que aparezcan síntomas y evitar daños en la salud infantil.
La petición llega tras detectarse varios menores con niveles elevados de plomo en sangre en el barrio de Los Mateos, en Cartagena (Murcia). El caso ha llevado a los especialistas a insistir en la necesidad de actuar sobre el conjunto de la población potencialmente expuesta, y no únicamente sobre los niños en los que ya se ha identificado el problema.
"Cuando aparecen varios niños de distintas familias con plomo elevado en sangre en un mismo territorio, ya no debemos preguntarnos únicamente cómo atender a esos niños. Debemos preguntarnos cuántos menores potencialmente expuestos todavía no hemos estudiado", ha señalado Juan Antonio Ortega, coordinador del comité.
Los pediatras recuerdan que ningún nivel de exposición al plomo se considera seguro y advierten de la especial vulnerabilidad de los menores, cuyo cerebro y sistema nervioso todavía están en desarrollo.
Mapas de riesgo y controles preventivos
La propuesta pasa por elaborar mapas autonómicos que permitan localizar las áreas donde los niños pueden estar expuestos al plomo. Para ello, los especialistas plantean utilizar información sobre suelos contaminados, antiguas explotaciones mineras e industriales, actividades potencialmente emisoras y casos detectados por los servicios sanitarios.
En las zonas identificadas como de riesgo, proponen incorporar análisis de plomo en sangre a los programas de salud infantil, de forma organizada y en función de la exposición ambiental. Si se detectan varios casos en un mismo territorio, la vigilancia debería ampliarse para localizar a otros menores que puedan estar afectados.
"No se trata de realizar análisis a todos los niños, sino de dejar de esperar a que aparezcan nuevos casos en lugares donde ya existen indicios de contaminación", ha explicado Ortega.
La exposición al plomo puede provocar alteraciones del desarrollo cerebral, dificultades de aprendizaje, problemas de atención y cambios de comportamiento, incluso cuando las concentraciones son bajas. También puede afectar al crecimiento y, en determinadas circunstancias, causar anemia o alteraciones renales. En los casos más graves, puede producir daños neurológicos severos.
Uno de los problemas, según los pediatras, es que muchos menores expuestos no presentan síntomas evidentes. Por eso, consideran fundamental identificar los entornos de riesgo y detectar los casos antes de que aparezcan manifestaciones clínicas.
La prevención, clave para evitar daños
Una vez detectada la exposición, los especialistas señalan que es necesario investigar su origen, controlar las posibles fuentes de contaminación y establecer un seguimiento clínico adaptado a cada menor, incluida la valoración de su desarrollo y de posibles problemas de salud asociados.
La interrupción de la exposición resulta especialmente importante porque los daños neurológicos causados por el plomo no siempre son reversibles. En los casos de intoxicación grave pueden ser necesarios tratamientos específicos bajo supervisión especializada.
El Comité de Salud Medioambiental de la AEP también destaca la importancia de formar a pediatras y profesionales de Atención Primaria en salud ambiental, establecer circuitos asistenciales definidos y reforzar la coordinación entre los servicios sanitarios y las autoridades responsables del control de la contaminación.
La organización cita como precedentes las experiencias desarrolladas en la Sierra Minera de Cartagena y en Bonmatí (Cataluña), y defiende que la información ambiental debe servir para decidir dónde es necesario actuar y proteger de forma preventiva a la población infantil.



