Mientras el calor estival aprieta y, en consecuencia, el riesgo de incendios tiñe de preocupación Castilla y León, en la Base Helitransportada de Villaralbo una jornada de calma no significa ni mucho menos inactividad. En estas instalaciones, levantadas al norte del municipio zamorano, en una zona rodeada de maizales y cercana al río Duero, cada día transcurre entre entrenamientos físicos, maniobras de embarque en helicóptero, formación continua y el mantenimiento de unos equipos que, en cualquier momento, pueden recibir la orden de salir a actuar en una emergencia. Y es que la rutina puede romperse con una simple llamada o aviso. A partir de ahí, cada minuto cuenta.
Esta base se encuentra en una zona de escasa masa forestal, pero estratégicamente ubicada para poder cubrir diversas zonas del oeste de Castilla y León. Su radio de actuación alcanza, además de la provincia de Zamora, áreas de Valladolid, Salamanca, Ávila o incluso Segovia si las circunstancias así lo requieren.
La provincia de Zamora moviliza durante la campaña de peligro alto de incendios —entre el 12 de junio y el 12 de octubre— un operativo compuesto por 418 profesionales que se reparten entre brigadas helitransportadas, cuadrillas terrestres, autobombas, agentes medioambientales, técnicos, personal de coordinación y vigilancia. Solo en la base de Villaralbo trabajan, organizados en distintos turnos, más de 40 personas, entre bomberos, jefes de equipo, piloto, técnicos de mantenimiento y personal de comunicaciones. Todos ellos forman parte de un engranaje que debe funcionar con precisión cuando el fuego amenaza el monte.

Décadas que explican la evolución del operativo
Quien guía la visita por estas instalaciones es César Ventosa, ingeniero forestal y técnico del operativo INFOCAL de la Junta de Castilla y León. Aunque durante el resto del año desarrolla labores técnicas y administrativas relacionadas con la prevención, la planificación y la gestión en los posibles incendios que puedan producirse, cada verano vuelve al terreno como uno de los responsables del puesto de mando en los dispositivos. Con su trayectoria, iniciada hace más de tres décadas, se resume buena parte de la evolución del operativo forestal en todo este tiempo.
Comenzó en 1994 y dio sus primeros pasos en una base del entonces llamado ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza, organismo en activo hasta 1995) y poco después llegó a la provincia de Zamora para incorporarse en la base helitransportada de Villardeciervos. Desde entonces, ha permanecido ligado a la lucha contra los incendios forestales en diferentes puestos: "Tras mi primer contacto con los incendios, me picó el gusanillo, y hasta ahora", relata Ventosa al explicar que una experiencia temporal acabó convirtiéndose en esta larga carrera profesional.
Medios más modernos para el trabajo de siempre
Mientras recorremos las instalaciones, César Ventosa señala distintos rincones de una base en la que, una apacible mañana de verano algo ventosa pero sin demasiado calor, aparentemente no ocurre nada. Pero no es así. En realidad, todo está preparado a la espera de que pueda desencadenarse cualquier emergencia. El helicóptero ligero —a la espera de que llegue una segunda unidad próximamente— permanece listo para despegar, la autobomba que llegó hace apenas unos días y aún está sin estrenar aguarda en la nave contigua y los equipos alternan entrenamientos con mantenimiento. La espera también forma parte del trabajo.
"La rutina tiene varias partes", explica el técnico. La jornada comienza con preparación física, seguida de ejercicios de embarque y desembarque en el helicóptero, que pueden parecer repetitivos y no tener demasiada importancia, pero esa repetición es clave para que, a la hora de la verdad, no se produzca ningún fallo que pueda retrasar la actuación de los medios.
Por ello, la formación continua y las tareas de mantenimiento son fundamentales. Los medios materiales han evolucionado hacia la informatización, pero el trabajo en el monte con las llamas a centímetros siguen apoyándose en herramientas básicas como los batefuegos o las azadas. La gran transformación ha llegado por la vía de la información y la coordinación digital.
Una preparación continua que se rompe cuando la emergencia se produce, llega el aviso y comienza la acción.

Enfrentarse a las llamas: rapidez en la toma de decisiones
En la Base Helitransportada de Villaralbo, el operativo antiincendios no se limita a la extinción de fuegos en el monte, a pesar de que debiera ser su única función. Sus equipos pueden intervenir también en otras emergencias como en zonas agrícolas o situaciones de riesgo en el entorno de alguna localidad.
La campaña de peligro alto arrancó el pasado 12 de junio, pero el trabajo empieza mucho antes. Durante los meses previos, el dispositivo se va organizando con tareas de planificación, prevención —como el desbroce en caminos que se van cerrando por la vegetación—, el mantenimiento de infraestructuras y la organización de cuadrillas. "En la sección estamos trabajando todo el año en lo mismo, lo que cambia es que llegados a estas fechas tenemos que estar al 100%", explica César.
Cuando llega el aviso de un incendio, el sistema se activa de forma casi instantánea. La llamada puede llegar a través del 112 o de la red de vigilancia propia, que forman los distintos puestos distribuidos por el territorio. En cuestión de minutos, la Central Provincial de Mando valora la situación, se localiza el punto exacto y se decide cómo dividir los medios.
Habitualmente, el primer recurso que sale de la base suele ser un helicóptero. A partir de ahí se movilizan agentes medioambientales, autobombas y cuadrillas terrestres, dependiendo de la gravedad del fuego y el área afectada. "Se tarda muy poco en decidir, en cinco minutos ya están todas las órdenes dadas", indica el ingeniero forestal.
Y es que la rapidez es una de las claves del operativo, porque llegar lo antes posible a un incendio es la prioridad para evitar que gane intensidad. Una vez en el terreno, el primer equipo que llega se convierte en una fuente de información fundamental. Gracias a las tecnologías actuales, desde el aire o el terreno se envían imágenes y datos, junto a las valoraciones técnicas sobre el comportamiento del fuego. De este modo, se van tomando las decisiones en directo desde el centro de mando.
Incendios cada vez más impredecibles
No todos los incendios se comportan igual. Entran en juego diversos factores que determinan la voracidad del fuego, algo que en esta base han aprendido a través de la formación, pero también de la experiencia después de haber vivido situaciones realmente complejas en los veranos de 2022 y 2025.
Las condiciones meteorológicas —especialmente las temperaturas y el viento—, la orografía y el tipo de combustible presente pueden determinar la evolución del fuego. Eso sí, los técnicos insisten en que los incendios son cada vez más rápidos, intensos y difíciles de controlar.
Estos son los que reciben el nombre de "incendios de sexta generación", un concepto que César Ventosa prefiere matizar: "No es que sean nuevos incendios, es que el escenario cambia". El fuego puede generar su propia dinámica atmosférica con rachas de viento muy fuertes y cambios de dirección erráticos que imposibilitan la contención de las llamas.
Ventosa considera que este tipo de incendios ya se han producido décadas atrás y pone el ejemplo de incendios sufridos en el Levante peninsular en los años 90. Sin embargo, no niega que la situación ha empeorado en las últimas campañas debido al cambio climático, que intensifica este escenario y provoca que los grandes incendios sean cada vez más frecuentes.
Una de las causas principales está en las olas de calor tempranas y duraderas que ayudan a secar el terreno con rapidez, incluso tras inviernos y primaveras húmedas. "Antes una primavera húmeda era sinónimo de un verano más tranquilo, ahora una ola de calor puede secar todo en pocos días", argumenta Ventosa, que recuerda que lo ocurrido en 2022 entraba dentro de las previsiones debido a la sequía que arrastraba la provincia durante todo el año.
La sorpresa llegó el año pasado, cuando no importaron las lluvias caídas en el mes de marzo: la primera ola de calor padecida en junio secó la abundante vegetación que había proliferado y la segunda, acaecida en agosto, fue la puntilla para producirse los incendios. De todos modos, el ingeniero forestal no quiere echar toda la culpa al cambio climático, y es que la mano del hombre, ya sea a través de los pirómanos o descuidos en las tareas agrícolas, sigue estando detrás de muchos fuegos o avivando los que la naturaleza crea —especialmente a través de tormentas secas—.
El punto de inflexión del verano de 2022
César recuerda el shock que se vivió durante los dos grandes incendios que afectaron a buena parte de la Sierra de la Culebra en junio y julio de 2022. A nivel social para los zamoranos y también para el propio operativo. "Fue un shock, pero también un cambio de mentalidad. Perdimos a un compañero y eso es muy duro. Nos dimos cuenta de que no somos Dios, no somos Superman, hay fuegos que no podemos apagar", cuenta Ventosa.
No obstante, estos fatídicos sucesos sirvieron para tomarse los devastadores incendios de agosto de 2025 de otra manera. Siendo conscientes, con cabeza fría, de que hay que saber lidiar con la resignación y, en ocasiones, esperar a que las condiciones mejoren para aplacar las llamas antes de poner en riesgo la vida de un equipo entero que lucha contra un fuego fuera de control.
Estas situaciones se han caracterizado por la simultaneidad de varios incendios graves, lo que obliga a desplegar el dispositivo en distintas partes del territorio y ante escenarios que superan cualquier planificación prevista durante el trabajo que se realiza los meses previos.
Sobre los riesgos que habrá en el futuro, el ingeniero prefiere no aventurarse, aunque admite que las proyecciones apuntan a un escenario cada vez más complicado con veranos más largos y condiciones más extremas. Mirando a corto plazo este verano, esta primera ola de calor ya ha servido —como ocurrió el año pasado— para secar buena parte de la vegetación de forma prematura y evaporar gran parte de la humedad con otro episodio de calor ya en el horizonte, por lo que las perspectivas no son muy halagüeñas.
La parte que la sociedad desconoce
César Ventosa opina que la percepción que tiene la gran mayoría de la sociedad sobre el dispositivo antiincendios es en parte errónea, ya que desconocen el complejo engranaje que sostiene la operación: "La gente ve pasar el helicóptero, pero no todo lo que hay detrás para que ese helicóptero esté allí". La coordinación, planificación y toma de decisiones en tiempo real la llevan a cabo más de 40 personas solo en la Base Helitransportada de Villaralbo, lo que da a entender la amplitud que pueden llegar a tener estos dispositivos.
Unas actuaciones en las que se producen tomas de decisiones constantes, una continua comunicación en la que se transmiten enormes cantidades de información que se deben procesar en poco tiempo ante las emergencias. Por este motivo, la organización es tan importante como los medios materiales —el helicóptero o la autobomba—. Sin la dirección desde el centro de mando, el dispositivo no funciona porque "gestionar un gran fuego es como ir a una guerra".

La prevención: una responsabilidad compartida
Según el técnico, la prevención es otro de los ámbitos donde los estigmas siguen generando tensos debates. Aunque asegura que los equipos dependientes de la junta desarrollan trabajos de limpieza, apertura de caminos o la creación de cortafuegos, el problema es más amplio y afecta también a otras administraciones locales y propietarios privados.
"El monte no es solo de la Junta. Hay ayuntamientos, hay particulares y cada uno tiene su responsabilidad y su margen de mejora", expresa Ventosa. Y es que, por si las propias condiciones meteorológicas no pusieran cada vez más complicada la campaña de incendios, el abandono del medio rural es otra de las claves, ya que hace aumentar la acumulación de combustible, transformando por completo el paisaje, convertido en un auténtico polvorín durante la época estival.
Para César, la clave no estaría solo en limpiar más, sino en optimizar la gestión del territorio, estableciendo un modelo de prevención compartido basado en el diálogo y la acción común de los diferentes agentes que intervienen en esta fase, es decir, los propietarios de cada uno de los terrenos, ya sea la institución autonómica, local o propietarios particulares.
También existe un componente social importante que provoca que este debate suba de tono año tras año: la cercanía de las llamas a los pueblos. El fuego ya no solo afecta al monte. Los últimos incendios han llegado a calcinar viviendas y la percepción del riesgo ha cambiado por completo. Por este motivo, la coordinación entre instituciones y ciudadanos es vital.
"No se trata de buscar un culpable, sino de entender que el problema es complejo y que todos tomamos parte en él", concluye con su reflexión. La prevención, al igual que la extinción, requiere de tiempo, mayor inversión y una visión conjunta de un problema que cada vez se agrava más.
Una Base preparada para seguir creciendo
Mientras el verano avanza, el terreno se seca y el riesgo de incendios aumenta, en la Base Helitransportada de Villaralbo la calma sigue siendo solo aparente. Todo permanece listo mientras se espera un aviso que nadie desea recibir pero que acaba llegando. Al dispositivo actual se sumarán además nuevos medios, entre ellos un helicóptero ligero que se incorporará como segunda unidad para reforzar la capacidad operativa de la base.
Además, las instalaciones albergarán también en los próximos meses la futura base del helicóptero medicalizado de Sacyl en la provincia, posicionando a Villarabo como uno de los principales centros aéreos de emergencias del oeste de Castilla y León, noticia que el dispositivo antiincendios acoge con los brazos abiertos.
Pero, más allá de las nuevas aeronaves o las tecnologías punteras, quienes trabajan allí saben que el desafío no cambia: responder con la mayor rapidez y eficacia posibles a incendios cada vez más imprevisibles que ponen en riesgo el entorno natural y, en el peor de los casos, los bienes y las propias vidas de los zamoranos. Porque cuando el aviso llega y el helicóptero despega, la emergencia para la sociedad empieza, pero para ellos es el resultado —aún desconocido— de meses de una preparación dura y silenciosa.




