"Imposible me sería ocuparme en esta crónica de otro asunto que la horrible epidemia, que nos acosa por todas partes". Así comenzaba el corresponsal del Heraldo de Zamora su relato desde Villardeciervos, fechado el 7 de noviembre de 1918. La epidemia ocupaba entonces buena parte de la actualidad local y el periodista dejaba constancia de la preocupación que despertaban las noticias llegadas desde los pueblos cercanos.
El cronista aseguraba que Villardeciervos permanecía libre de la enfermedad "por lo de ahora". En su texto expresaba su confianza en la Providencia y en San Roque, en cuyo honor se había celebrado un novenario pocos días antes. Una referencia que permite acercarse también a la dimensión religiosa con la que algunos vecinos afrontaban aquellos meses de incertidumbre.
La situación que describía en las localidades próximas era muy diferente. Cional, Boya, Villanueva de Valrojo y, especialmente, Ferreras de Arriba aparecían en la crónica como pueblos afectados por la epidemia.
Sobre Ferreras de Arriba, el corresponsal ofrecía un dato especialmente llamativo: afirmaba que habían fallecido 40 personas en un vecindario de 80 vecinos. La cifra procede del testimonio publicado en el periódico y no de un registro estadístico contrastado. Además, el término "vecinos" empleado en la época no equivale necesariamente al número total de habitantes, por lo que no debe interpretarse como si la mitad de la población del municipio hubiera muerto.
Las dificultades para atender a los enfermos
La crónica también recogía las dificultades que, según el periodista, se estaban encontrando para atender a los afectados. El médico debía ocuparse de numerosos casos en un partido extenso, mientras que en Ferreras de Arriba el párroco se encontraba enfermo.
El corresponsal lamentaba que algunos fallecidos hubieran muerto sin recibir asistencia religiosa y sin las oraciones que, de acuerdo con la costumbre de la época, acompañaban al cadáver hasta el cementerio. La enfermedad aparecía así en el relato no solo a través de las cifras de fallecidos, sino también de las dificultades que encontraba la población para atender a los enfermos y acompañar a quienes morían.




