Según el diccionario de la Real Academia Española, un parsec o pársec es una unidad astronómica de longitud, igual a la distancia de un cuerpo celeste desde el que se viera el semieje mayor de la órbita terrestre con un ángulo de un segundo de arco. Equivale a 3,26 años luz y su símbolo son las letras ‘pc’. “En realidad, tomé el nombre de una canción de Stereolab. Nací con otros propósitos, pero el sonido de los años 60 y la electrónica alteraron mi configuración original. Recojo maderas, cartones y sucedáneos olvidados en las calles y aplico acrílicos, tintas y magia para construir retratos de humanos en su medio natural”, indica. “Parsec
se encarga de completar el hasta ahora infinito bucle, devolviendo a las calles a sus hijos desheredados. Humanoides que se detienen ante ellos mismos y razonan: ¿Qué hace esto aquí? Me gusta, me lo llevo. Me gusta, no me lo llevo. Me están vigilando. ¿Cuál es mi sentido de la propiedad? Divagan. Su sentido es efímero”, añade.
En un perfil de Facebook actualizado en octubre de este año, el pequeño misterio de este particular artista queda en parte desvelado para los no iniciados aunque es una información habitual para los habitantes de la comarca. “El hijo de ‘la Toña’, Antonio Feliz Martínez, con 35 años de edad profesor de español para extranjeros en Madrid, comparte la docencia con su afición artística tanto como dibujante de cómics, ilustrador, pintor o grafitero, logrando que sus convecinos de Castrogonzalo no sólo hablen de él como ‘una buena persona’ y ‘feliz’, haciendo gala de su apellido, sino que se le califique como ‘el pintor’ o ‘el artista’ a secas”, expone.
Por la zona hay varias decenas de muros con el sello inconfundible de Parsec, quien se ha convertido en un auténtico artista de culto en torno al que se organizan auténticas excursiones o ‘safaris rurales’, a la caza de la colección de fotografías que den testimonio de su obra.
Procesión Pársec
Una de las espectaculares obras que con más facilidad ha dado el salto mediático es la denominada como ‘Procesión Pársec’. Se trata de un mural realizado entre 2011 y 2012 que cubre la parte trasera del frontón de Castrogonzalo. “Es una ofrenda simbólica al pueblo, orientada hacia El Gurugú, el punto más alto de Castrogonzalo, una antigua fortaleza árabe ya desaparecida”, explica en el blog.
El mural, de 25 metros de largo, consta de seis figuras en comitiva, cada una de las cuales mide unos cinco metros de altura. ‘La Muerte’, ‘La Guerra’, ‘La Naturaleza,’ La Vida’, ‘La Belleza’ y ‘La Ciencia’ componen este homenaje que tal vez podría interpretarse a modo de ensoñación entre la figuración y la abstracción, con un leve toque naíf y todo ello, sobre un lecho, todavía más ominoso, de cabezas de personas –incluidas calaveras-, animales y entes sin identificar.
En cualquier caso, resulta más estimulante buscar obras menos conocidas, aunque siempre con la duda última de la autoría real, como la que zamora24horas refleja en la imagen de apertura. Se trata de una cabeza de mujer en la que destacan unos enormes ojos negros que miran torvamente y una nariz grande, rotunda, griega. No se sabe dónde mira. Parece asomada, a punto de marcharse o, tal vez, que acaba de llegar. Adorna el hueco del viaducto que se encuentra justo al lado del viejo puente de Castrogonzalo y la gran imagen se antoja pequeña, aunque destaca, junto a unas palabras escritas en alemán: ‘Schöne Welt Parsec!’. La traducción podría ser ‘Hermoso mundo Parsec’ o, quién sabe, si falta la coma que indica un vocativo de admiración: ‘Hermoso mundo, Parsec’.
“Pero los humanos no entienden razonamientos complejos. Ignoran la potencialidad de la inmediatez. Frente a su concepto clásico y primitivo de enfrentarse a una obra con una formalidad intrínseca yo les ofrezco coyuntura y contexto. Aquí y ahora. Está pasando”, concluye.




