La historia del bibliotecario José Crespo merece ser contada por su contribución al ámbito educativo y cultural de la provincia. Durante 42 años ha recorrido decenas de pueblos de Zamora al volante del bibliobús escolar, llevando una mercancía esencial para el enriquecimiento de varias generaciones: los libros.

Hasta septiembre de 2025 —momento en el que se jubiló oficialmente— fue conductor y bibliotecario de este servicio especializado en fomentar la lectura entre el alumnado de los centros rurales. El último de ellos. Y, con su retirada, desapareció también la figura del bibliobús escolar. La Diputación —gestora del servicio— mantuvo parcialmente la actividad con un contrato menor de animación lectora con el que este servicio pasó a realizarse en coche y sin libros, perdiendo así su esencia hasta quedar paralizado definitivamente en diciembre.
José Crespo se despidió cargado del cariño de varias generaciones de alumnos y docentes. "Me veía abrumado por tantos agradecimientos y reconocimientos, pero el mayor regalo me lo llevo del alumnado", recuerda. Los niños de ahora, pero también aquellos que, décadas atrás, se sorprendían al descubrir un nuevo libro y que hoy todavía, al reconocerle, le paran por la calle para hablarle de sus lecturas y agradecerle las recomendaciones que marcaron su infancia.
Su trayectoria y testimonio también resumen la evolución de un servicio que llegó a ser referencia nacional e internacional y que hoy atraviesa una situación crítica, víctima de la falta de personal y del progresivo deterioro de los servicios públicos en el medio rural.
ORÍGENES: UN SERVICIO REFERENTE
José Crespo soñaba de joven con ser futbolista, pero una lesión de rodilla cambió sus planes. Más adelante pensó en estudiar Economía o Derecho, pero finalmente terminó encontrando su camino y verdadera vocación de casualidad: "Surgió la posibilidad de acceder a esta plaza y, una vez conseguida, la lectura me enganchó".
El servicio de bibliobús nació en Zamora en 1981 y llegó a contar con tres vehículos en ruta. A ellos se sumó en 1985 el bibliobús escolar, especializado en literatura infantil y juvenil, un servicio de apoyo educativo complementario a los centros rurales. Hoy solo queda operativo un bibliobús para toda la provincia.
La consecuencia directa es que el autocar visita cada localidad una vez cada tres meses, cuando en sus mejores años llegaban a ser incluso de dos al mes. "Baja la asistencia y también la calidad del servicio. Los lectores terminan buscando otras alternativas para obtener los libros", explica Crespo.
Precisamente esa especialización del bibliobús escolar convirtió a Zamora en un modelo pionero. A diferencia de una biblioteca fija en un centro educativo, el bibliobús cuenta con hasta 20.000 ejemplares en constante rotación, lo que permitía llevar novedades y materiales distintos a cada colegio de forma periódica. Continuos cambios que la biblioteca de edificio no se puede permitir.
Además, en los años 90 el servicio incorporó un sistema informático de gestión bibliotecaria cuando apenas existían precedentes en España. "Fue el tercero del país en informatizarse, solo por detrás de dos en Cataluña", subraya.
EL HÁBITO DE LA LECTURA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
Tras cuatro décadas peregrinando entre colegios y estudiantes, José ha visto cómo cambiaban los hábitos de lectura y el modo de buscar información de varias generaciones. "En Primaria son auténticos lectores. Se dejan aconsejar y leen lo que se llevan", asegura.
El cambio llega en la adolescencia, pero el entrevistado justifica la situación: "Las pantallas les quitan tiempo, tienen más deberes y más autonomía para salir". Aun así, considera que quienes adquieren el hábito de leer desde pequeños, lo acaban recuperando.
La irrupción de internet también transformó la relación de los jóvenes con el bibliobús. Antes, muchos estudiantes acudían a él en busca de consejo para encontrar material para trabajos escolares o recomendaciones concretas. "Esa labor ahora la hace internet", resume. Es cierto que los tiempos han cambiado y las consultas al bibliotecario han sido sustituidas por los buscadores o incluso las recomendaciones detalladas de la inteligencia artificial.
Ante esta vorágine tecnológica que José ni mucho menos rechaza, reivindica la complementariedad que ofrece el bibliobús con su trato humano y consejo personalizado.

REIVINDICACIONES: FALTA PERSONAL, NO MATERIAL
De cuatro bibliobuses recorriendo la provincia a un único vehículo para todo el territorio, reduciendo así su eficacia e interés para el público. Para José Crespo, el principal problema no es la falta de medios materiales, sino de personal. "Se habla de licitar un bibliobús nuevo, pero lo que realmente falta es crear plazas para cubrir todos los puestos que se han ido perdiendo con las jubilaciones", afirma.
También muestra sus dudas sobre la posible externalización del servicio, un paso que para él sería un error: "Las empresas buscan beneficios y suelen ofrecer contratos temporales. Eso no garantiza continuidad ni calidad".
Aunque la titularidad de los bibliobuses corresponde a la Junta de Castilla y León, en los años 90 se cedió la gestión a las diputaciones provinciales. En Zamora, se asumió el servicio, pero no el personal, como sí ocurrió en otras provincias. Según José Crespo, esa es una de las causas que explican las dificultades para cubrir vacantes a través de oposición y garantizar la estabilidad del servicio.
Porque, más allá de los libros, el bibliobús representaba el acceso a la cultura en muchos pueblos de la provincia. "En las zonas rurales, para asentar población, hace falta tener acceso a la cultura, la sanidad o las comunicaciones. Son derechos fundamentales", defiende. El deterioro y progresiva desaparición del servicio es otra pérdida a sumar en una de las provincias más envejecidas y despobladas del país.




