Hace más de cincuenta años que la cooperativa GAZA empezó a desarrollar su actividad, de manera que los zamoranos la llevan consigo como parte de su vida diaria, como algo que, por cotidiano, podría dejar de ser extraordinario.
Ganaderos de Zamora forma parte inseparable del ‘mobiliario’ empresarial y alimentario de la provincia y está muy presente en los medios de comunicación, sobre todo con las campañas que recuerdan en los últimos tiempos a los consumidores que las granjas adscritas a la cooperativa reciben constantes visitas de veterinarios e inspectores para examinar, uno por uno, cerca de 180 parámetros. Toman nota de cada uno de ellos, asignan una puntuación y, en definitiva, dan fe casi notarial de hasta qué punto cumplen lo que se les exige para poder envasar esa leche bajo esa cobertura.
La Central Lechera de Zamora llamó todavía más la atención en febrero de 2012, cuando se lanzó al mercado la leche con el nombre ‘Tierra de Sabor’, una marca de calidad amparada por la Junta de Castilla y León y, probablemente, el mayor de la Administración autonómica en cuanto a marketing, ya que ese marchamo saltó de forma inmediata a la fama. Por añadidura, hace años que diversificó su catálogo de productos, siendo pionera en la producir leche cruda de oveja, leche cruda de vaca sin lactosa y una serie de derivados lácteos de calidad suprema que generaron una espléndida respuesta por parte de los consumidores.
Lo que ocurre es que GAZA ya venía siendo desde hace más de una década el ejemplo de cómo producir con mayúsculas, especialmente, por calidad, de un modo discreto, ya que los estándares exigidos por la ley española -que ya son de los más exigentes del mundo- quedaban muy por debajo de los que la cooperativa aplicaba para producir más de 30 millones de litros de leche de vaca.
Es más, los técnicos de GAZA desarrollaron para el Gobierno de España una guía detallada para “producción responsable” que se convirtió al momento en el manual para producir leche cruda de vaca.
El proceso es fácil de resumir: Las granjas adscritas a GAZA están pensadas para permitir al máximo el comportamiento natural de la vaca al tiempo que se controla cada mínimo detalle relacionado con su alimentación, su bienestar y el cuidado del medio ambiente, es decir, si la vaca está cuidada y contenta, puede producir unos 30 litros de leche cada día y si el sistema de producción es sostenible, el futuro está asegurado.
Las vacas disponen de un espacio amplio, cubierto pero no cerrado, perfectamente ventilado, cama individual, pueden comer sin molestarse unas a otras un forraje a base de maíz o alfalfa, con semilla de algodón, harinas de cereales, pulpa de remolacha, vitaminas y minerales.
Las naves cuentan con la última tecnología, con salas de ordeño tan asépticas como quirófanos, y permiten a los ganaderos hasta “tener vida”, aprovechando turnos, lo que hace más atractivo el sector, sobre todo para los jóvenes. Tiene pozo y planta potabilizadora, de forma que el agua que beben las vacas es la misma que podría beber quien las cuida; el estiércol es recogido por un sistema automático cada dos por tres y se utiliza como abono
Manicura y rascadores
El manejo animal termina de marcar la diferencia en estas explotaciones. La vaca recibe una sesión semestral de manicura, lo que puede escandalizar al profano pero que, una vez explicado, tiene un sentido absoluto. “El animal pesa una media de 700 kilos, aproximadamente y tiene que apoyar los cascos a la perfección porque, si no, sus articulaciones pueden sufrir y eso conllevaría artrosis o artritis lo que, a su vez, obligaría a darle medicamentos que pueden pasar a la leche y eso es inaceptable”, explica a Zamora24horas el director gerente de GAZA, José Luis Calvo.
Si a la manicura se añaden los rascadores con los que cuenta cada explotación ganadera, se entiende hasta qué punto llega la consideración del bienestar animal. “La piel tiene que estar cuidada también. Es muy importante. Las granjas tienen rascadores con sensores que, en cuanto se acerca la vaca les hace dar vueltas y les permite tener la piel lustrosa. El sistema ha sido un éxito”, apunta José Luis Calvo.
La mayoría de los consumidores no saben que cada vaso de leche de GAZA que toman lleva detrás la última tecnología, combinada con los cuidados más amorosos a las vacas y con el respeto absoluto al medio ambiente.



