Ocurrió en 2022, volvió a suceder en 2025 y este 2026 la provincia vuelve a vivir uno de sus peores episodios a manos del fuego. El incendio de Fermoselle originado el pasado miércoles deja en la tarde de este jueves la imagen que nadie quería que llegase.

Ni los vecinos, ni los zamoranos de todo el territorio, pero lo que es peor, el escenario que no querían ver los equipos de extinción. La llegada de las llamas a los cañones de Los Arribes plantea un escenario nuevo y peligroso en la trayectoria de este incendio.
Las rachas de viento de hasta 40 kilómetros por hora registradas este tarde han provocado que las llamas avance e incluso salten a otras zonas del perímetro afectado. La localidad de Fariza es la más afectada en las últimas horas y el pueblo ha sido confinado tras el corte de la carretera de acceso desde Muga de Sayago.
La peligrosidad reside además en pavesas (fragmentos incandescentes) que pueden ser transportadas por el viento y cruzar el río, originando nuevos focos en la otra orilla. Además, las pendientes pronunciadas pueden hacer que el comportamiento del incendio sea muy errático, con cambios bruscos de dirección e intensidad.
La llegada del fuego a los cañones de Los Arribes evoca inevitablemente lo ocurrido en el cañón del Tera durante el devastador incendio de la Sierra de la Culebra en 2022.

En este tipo de espacios encajados, la combinación de fuertes pendientes, abundante combustible y calor extremo puede provocar un comportamiento muy violento del incendio, generando intensas corrientes de aire, una elevada radiación térmica y grandes columnas de humo y vapor cuando las llamas alcanzan las proximidades del agua. Un escenario especialmente complejo para los equipos de extinción y que obliga a extremar la precaución ante la rápida evolución del fuego.



