El girasol gana terreno en el campo zamorano. La provincia ha pasado de dedicar 32.020 hectáreas a este cultivo en 2025 a alcanzar las 40.430 en 2026, lo que supone 8.410 hectáreas más en un año y un incremento del 26,3 %. La evolución se enmarca en la expansión de esta oleaginosa por Castilla y León, donde la superficie cultivada ha crecido un 40,2 % en el último ejercicio.
Los datos provisionales de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental correspondientes a julio de 2026 sitúan la superficie regional de girasol en 417.862 hectáreas, frente a las 298.014 del año anterior. El aumento, de 119.848 hectáreas, refleja el creciente interés de los agricultores por un cultivo que se está abriendo paso en las explotaciones, especialmente en las de secano.
En Zamora, el crecimiento es inferior al registrado en el conjunto de la Comunidad, aunque confirma la tendencia al alza. La provincia se mantiene entre los territorios castellanos y leoneses con una superficie importante dedicada al girasol, en un contexto en el que los costes de producción, la evolución de los precios y las ventajas agronómicas de las rotaciones están influyendo en las decisiones de siembra.
Joaquín Ortiz, miembro del Servicio Agronómico y de Cultivos de ACOR, explica que el girasol ha adquirido un papel cada vez más relevante en la planificación de las explotaciones. "El agricultor cada vez tiene más en cuenta este cultivo dentro de su rotación, sobre todo en secano", señala. Sus menores necesidades de insumos y la relativa estabilidad de los precios durante los últimos años contribuyen a explicar su expansión frente a cultivos tradicionales como el trigo y la cebada.
Un crecimiento desigual entre provincias
El aumento de la superficie de girasol se extiende por las nueve provincias de Castilla y León, aunque con diferencias significativas. Burgos encabeza la clasificación, con 93.715 hectáreas en 2026, frente a las 67.385 del año anterior, un 39,1 % más.
Palencia ocupa el segundo puesto, con 65.354 hectáreas, tras crecer un 41,6 %, mientras que Valladolid alcanza las 60.781 hectáreas, un 31,8 % más que en 2025. Entre las tres provincias concentran más de la mitad de la superficie regional dedicada a esta oleaginosa.
Soria también registra un avance destacado, al pasar de 35.299 a 55.655 hectáreas, un 57,7 % más. El mayor crecimiento porcentual corresponde a León, donde la superficie aumenta un 73,3 %, hasta las 22.232 hectáreas.
Por su parte, Salamanca alcanza las 29.904 hectáreas, frente a las 21.352 del ejercicio anterior; Segovia pasa de 30.991 a 41.598, y Ávila crece desde las 5.853 hasta las 8.193 hectáreas.
El calor condiciona la cosecha
El aumento de la superficie sembrada no garantiza, sin embargo, una campaña igualmente favorable en términos de producción. Las elevadas temperaturas del verano han condicionado el desarrollo del cultivo y las expectativas de rendimiento, con diferencias entre las parcelas en función de las fechas de siembra.
Ortiz explica que las siembras realizadas a finales de abril y principios de mayo están ofreciendo, en términos generales, mejores resultados que aquellas implantadas a finales de mayo o durante junio. "En principio se observa una diferencia bastante marcada de rendimientos entre las siembras tempranas y las tardías, muy influenciada por las temperaturas estivales", apunta.
La recolección continúa y todavía no hay resultados definitivos. Las estimaciones provisionales de julio apuntaban a una cosecha de 513.249 toneladas en Castilla y León, frente a las 375.800 toneladas de 2025, lo que supondría un incremento del 36,6 %. No obstante, el técnico de ACOR considera que los rendimientos podrían situarse por debajo de los de campañas anteriores, aunque con resultados relativamente positivos teniendo en cuenta el calor soportado durante el verano.
El agua continúa siendo el principal factor limitante para este cultivo. Aunque el girasol presenta capacidad de adaptación a la sequía, Ortiz advierte de que eso no significa que tenga pocas necesidades hídricas, tampoco en las explotaciones de regadío.
Menores costes y ventajas para las explotaciones
La expansión del girasol responde también a razones económicas. En términos generales, necesita menos productos fitosanitarios y fertilizantes que otros cultivos extensivos, lo que permite reducir determinados costes de producción. En algunas explotaciones de secano, incluso, no se aplica abonado.
Esta ventaja exige, sin embargo, una gestión adecuada de la fertilidad del suelo. La extracción continuada de nutrientes puede perjudicar a las parcelas si no se planifican correctamente las rotaciones, por lo que los técnicos recomiendan valorar el papel del cultivo dentro del conjunto de la explotación y no únicamente su rentabilidad inmediata.
La evolución de los precios de la pipa también ha favorecido el interés por el girasol. No existe, sin embargo, un precio único que garantice la rentabilidad de una hectárea, ya que depende de factores como los costes de cada explotación y el rendimiento obtenido. En el caso de los socios de ACOR, la cooperativa dispone de una política contractual con un precio mínimo garantizado.
A las ventajas económicas se suman las agronómicas. El girasol contribuye a diversificar los cultivos, mejorar la estructura del suelo, interrumpir determinados ciclos de plagas y enfermedades y aprovechar nutrientes presentes en capas profundas del terreno. También facilita el cumplimiento de algunos requisitos vinculados a la Política Agraria Común.
Entre las variedades cultivadas destacan las de alto oleico, cuyo contenido de este ácido graso supera el 80 %. Estas semillas ofrecen mayor estabilidad y durabilidad para determinados usos de la industria agroalimentaria y pueden recibir una prima sobre el precio del girasol convencional, en función de las condiciones del mercado.
Ortiz considera que España dispone de margen para aumentar su producción de oleaginosas, puesto que continúa dependiendo de las importaciones para abastecer parte de las necesidades de la industria agroalimentaria. Un escenario que mantiene el interés por el girasol, aunque la evolución de la superficie en las próximas campañas dependerá de los precios, los costes y las condiciones meteorológicas.



