No cabía un alma en el Ángel Nieto y a su vez el pabellón era una sola. Un solo alma dispuesto a no despertarse del sueño del ascenso. El CB Zamora recibía al Alicante en una tarde en la que las matemáticas lo eran todo. No valía con ganar, se necesitaba una diferencia de nueve puntos.

La ventaja la tenían, más de 2.000 jugadores en la grada con la garganta quemada de animar al equipo. Algo que se notó en los primeros compases del encuentro con hasta diez puntos de diferencia a falta de dos minutos para el final del primer tiempo.
Era casi imposible seguir con la mirada a los de Saulo Hernández. Oportunidades cumplidas desde la línea de tres, rebotes imposibles y una defensa que poco tenía que envidiar a la muralla de Zamora.
El primer tiempo, digno de la NBA dejaba un parcial que de ser el último sería para enmarcar. Una diferencia de diez puntos (24-14) que sentaba la bases para seguir en manos de Morfeo en el sueño de colarse en playoff.
Segundo tiempo. Saulo Hernández sudaba en el banquillo. Con esa mezcla del calor de un pabellón abarrotado y el sudor frío de quien tiene su destino en manos del luminoso. Si la diferencia necesaria era de nueve, el segundo parcial fue múltiplo de tres con los triples de Roberts abultando el marcador azulón.






