No cabía un alma en el Ángel Nieto y a su vez el pabellón era una sola. Un solo alma dispuesto a no despertarse del sueño del ascenso. El CB Zamora recibía al Alicante en una tarde en la que las matemáticas lo eran todo. No valía con ganar, se necesitaba una diferencia de nueve puntos.

La ventaja la tenían, más de 2.000 jugadores en la grada con la garganta quemada de animar al equipo. Algo que se notó en los primeros compases del encuentro con hasta diez puntos de diferencia a falta de dos minutos para el final del primer tiempo.
Era casi imposible seguir con la mirada a los de Saulo Hernández. Oportunidades cumplidas desde la línea de tres, rebotes imposibles y una defensa que poco tenía que envidiar a la muralla de Zamora.
El primer tiempo, digno de la NBA dejaba un parcial que de ser el último sería para enmarcar. Una diferencia de diez puntos (24-14) que sentaba la bases para seguir en manos de Morfeo en el sueño de colarse en playoff.
Segundo tiempo. Saulo Hernández sudaba en el banquillo. Con esa mezcla del calor de un pabellón abarrotado y el sudor frío de quien tiene su destino en manos del luminoso. Si la diferencia necesaria era de nueve, el segundo parcial fue múltiplo de tres con los triples de Roberts abultando el marcador azulón.
En el ecuador del segundo tiempo, un bonito capicúa se posicionaba a favor de los zamoranos con un 32-23. Y suma y sigue el CB Zamora yéndose al descanso con once puntos de diferencia en una noche en la que los aficionados aprendieron a restar como nunca (43-32).
A la vuelta del descansó subió la presión y el Alicante salió del letargo desdibujando las ensoñaciones con solo cuatro puntos de diferencia en el marcador en los primeros minutos del tercer tiempo con un 46-41. Sin embargo, la rendición no era una rendición y el CB Zamora recordó quien fue en la primera parte del partido y durante toda la temporada.
Varios triples más tarde, la diferencia de doce puntos (56-44) volvió a dibujar una sonrisa en las más de 2.000 bocas que seguían animando en la parroquia del CB Zamora. La magia continuó en la cancha con diez puntos de locales en apenas minutos, frente a los tres tantos del Alicante. El 65-50 se encaraba en los últimos minutos del tercer tiempo.
Pitido final. Un 69-55 seguía haciendo soñar. Llegaban los últimos pasos, de este último baile ante un pabellón que contenía la respiración tras cada grito de ánimo. Últimos diez minutos y aunque algunas decisiones arbitrales causaron ampollas en la grada, el partido seguía teniendo el nombre del CB Zamora.
Quedaban cinco minutos, una diferencia de doce y los de Saulo Hernández seguían volando para alcanzar el cielo de ese sueño. El Alicante copió táctica ante la férrea defensa bajo el aro, pero la línea de tres no se le daba tan bien como a los locales.

El desastre llegó en los últimos minutos. Las matemáticas no jugaron a favor del CB Zamora que necesitaba nueve puntos de diferencia y se quedó en un 83-76 pese al juego mayúsculo durante todo el partido.




