‘’…En lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida’’, fue la frase que hace ya más de cincuenta años Carmen y Jesús escucharon en la iglesia de Fermoselle antes de proceder a darse un sí quiero que nunca esperaban tener que tomar tanto al pie de la letra, sobre todo en su último apartado, ese que habla de la salud. Y es que el matrimonio protagoniza una de las historias de amor más bonitas que se han vivido en el Virgen de la Concha en los últimos años.
Concretamente, 55 son los años que han pasado desde que Jesús Robles, el ‘Gallito’ en la localidad arribeña, y Carmen Ramos jurarán amor eterno antes de que, como muchos otros, se vieran obligados a abandonar la tierra que los vio nacer en busca de oportunidades y de un futuro mejor.
Holanda fue la tierra que los recibió con los brazos abiertos y en la que durante 32 años formaron un proyecto de vida que, al igual que ocurrió con otros emigrantes, tenía fecha de caducidad. Hace ya 21 años que el matrimonio regresó con sus hijos de nuevo a su Fermoselle natal, aunque eso sí, con una salvedad, después de tanto tiempo en el extranjero, Carmita y el ‘Gallito’ daban paso a un nuevo mote en la villa: Los holandeses.
Circunstancias de la vida hacen que, a sus 80 años de edad, Jesús se encuentre en un momento delicado de salud, motivo por el que hace una semana ingresaba de urgencia en la UCI del hospital Virgen de la Concha con pronóstico grave. Después de haberse sometido hace unos meses a una operación de corazón, una pancreatitis le provocaba también una insuficiencia renal de la que, con el apoyo de los suyos, siempre presentes, poco a poco ha ido recuperando hasta llegar a una mejoría que le ha permitido pasar a planta para sorpresa del equipo médico.
Su hijo, de igual nombre, y su mujer, han estado presentes en todo momento en el sanitario zamorano pendientes de cualquier actualización sobre el estado de salud de Jesús. Una espera que, sin embargo, tenía aún un giro por dar a la historia. Pese a que desde la semana pasada Carmen manifestaba dolores abdominales, se los ocultó a su hijo ‘’para no molestar’’ en un momento de especial preocupación por la salud de Jesús.
Sin embargo, fue ante la evidencia de los dolores cuando el hijo de matrimonio decidió presentarse de madrugada en el hospital con su madre, a la que se diagnosticó una apendicitis aguda y motivo por el cual tuvo que ser intervenida de urgencia durante la madrugada del pasado sábado.
Desde entonces, cada uno con su patología, permanecen ingresados en una de las habitaciones de la cuarta planta del Virgen de la Concha, enfrentando juntos los desafíos de la enfermedad que les aqueja.
Una historia de amor que ha capturado los corazones del personal médico que es testigo de la profunda conexión que existe entre Jesús y Carmen que, a pesar de sus condiciones de salud, se mantienen fuertes y positivos, brindándose consuelo mutuo en momentos de dolor y preocupación. No pasan un solo día sin sostenerse las manos y compartir palabras de aliento y amor.
La lealtad y la fuerza para permanecer unidos en los malos momentos, valores que, por desgracia, parecen de una época pasada. Una época en la que los juguetes si se rompían se arreglaban en lugar de buscar uno nuevo y que da lugar a las historias de amor más bonitas.
Mención especial en esta historia merece el hijo de ambos. Desde el primer momento al lado de sus padres y recorriendo a diario la distancia que separa Fermoselle de la capital zamorana sin dejar de lado sus obligaciones laborales. Sacrificio por los que un día le dieron todo lo que tenían y que ahora, en una situación vulnerable, lo reciben de vuelta de forma incondicional.
Y es que, pese a que el camino hacia la recuperación no será fácil, Jesús y Carmen se aferran a la esperanza y a la certeza de que su amor les dará la fuerza necesaria para superar cualquier obstáculo.



