Dejar de fumar no depende únicamente de la fuerza de voluntad. Esa es la principal conclusión del neurofisiólogo clínico Francisco Martínez Pérez, quien explica que uno de los mayores obstáculos para abandonar el tabaco es el denominado craving, un impulso intenso y casi automático que lleva al fumador a querer encender un cigarrillo incluso cuando es plenamente consciente de sus riesgos.
Según el especialista, la dependencia del tabaco tiene una base neurobiológica bien conocida. Cuando la nicotina llega al cerebro activa receptores que desencadenan una importante liberación de dopamina, el neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa. Con el paso del tiempo, el cerebro aprende a asociar el cigarrillo no solo con esa sensación placentera, sino también con situaciones cotidianas como tomar un café, hacer una pausa en el trabajo, conversar, combatir el aburrimiento o afrontar momentos de estrés.
"La mayoría de los fumadores sabe perfectamente que fumar aumenta el riesgo de cáncer, infarto o ictus, pero la adicción no se instala en la parte más racional del cerebro, sino en los circuitos relacionados con la recompensa, la motivación, el aprendizaje, la ansiedad y el control de los impulsos", señala Martínez Pérez.
Esa asociación explica que muchas recaídas no se produzcan por una decisión consciente de volver a fumar, sino porque determinados lugares, olores o rutinas activan automáticamente esos circuitos cerebrales entrenados durante años para buscar nicotina. De hecho, las técnicas actuales de neuroimagen han demostrado que simplemente ver un cigarrillo o enfrentarse a situaciones vinculadas al consumo puede activar regiones del cerebro similares a las que intervienen durante el acto de fumar.
El especialista también desmonta uno de los mitos más extendidos sobre el tabaco. Fumar no relaja realmente, afirma, sino que lo que hace la nicotina es aliviar de forma temporal los síntomas del síndrome de abstinencia que aparecen entre un cigarrillo y otro, como irritabilidad, nerviosismo o dificultades para concentrarse.
Una técnica que busca reducir el impulso de fumar
En este contexto, Martínez Pérez destaca el creciente interés por la estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr), una técnica de neuromodulación cerebral no invasiva que utiliza pulsos magnéticos para actuar sobre las regiones implicadas en el autocontrol y la toma de decisiones.
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Esta terapia no sustituye a la motivación del paciente ni a los tratamientos convencionales, pero puede ayudar a disminuir el craving y reforzar los mecanismos cerebrales que permiten controlar los impulsos, reduciendo la asociación automática entre determinados estímulos cotidianos y la necesidad de fumar.
El experto considera que esta herramienta puede resultar especialmente útil en personas con una elevada dependencia de la nicotina, varios intentos fallidos para dejar de fumar, recaídas frecuentes o un deseo intenso e incontrolable de consumir tabaco, así como en aquellos pacientes que no pueden recurrir a determinados tratamientos farmacológicos.
En cualquier caso, insiste en que la mejor estrategia para abandonar el tabaco pasa por combinar la motivación personal con apoyo sanitario y tratamientos adaptados a cada fumador, ya que la adicción no responde únicamente a un hábito, sino a cambios profundos en el funcionamiento del cerebro.





