En repetidas ocasiones, la Junta de Castilla y León ha manifestado los daños que provoca el lobo a la ganadería de la comunidad y la necesidad de aceptar una protección “atenuada” con el fin de flexibilizar la caza de este animal carnívoro. Unos efectos nocivos para las explotaciones ganaderas, que ven cómo el ente autonómico y el Gobierno nacional no se alinean en su postura, aunque Europa, a través del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), se pronuncie a favor del Ejecutivo de Mañueco.
Una situación en la que exigen recuperar la capacidad de gestión de la especie, que ha provocado en 2023, de nuevo, una cifra récord en la comunidad con más de 5.500 cabezas de ganado muertas, lo que supone un 9% más que en 2022 y un 30% más que en 2021. Más del total, un 52%, son cabezas de ganado vacuno y el ovino se sitúa en torno al 40%, donde Zamora lidera, desgraciadamente, la clasificación.
De las 2.205 reses muertas en Castilla y León de ovino, Zamora se sitúa con 743 animales muertos, muy por encima de la segunda provincia, que es Burgos con 498. En cuanto al vacuno, la provincia se sitúa en tercer lugar con 237, solo por encima de Segovia, con 707, y Ávila, con 1406.
Además, también sufrió ocho muertes más entre el equino -cuatro-; el caprino -tres- y el porcino -una-, sumando un total de 988 cabezas de ganado muertas durante el año 2023. En el ranking autonómico total, solo es superada por Ávila y Segovia, que suman más de 1.000 cada una: 1.652 y 1.062, respectivamente.
Unos guarismos que reflejan una difícil realidad, y es que el aumento de los ataques del lobo al ganado zamorano se sitúa en un 11% respecto a los datos de 2021. En 2015, no superaban los 1.000, pero a partir de 2016 se superaron estas cifras y el aumento, en 2018, estuvo en torno a los más de 1.500 ataques.
A partir de 2019 se estabilizó y bajó en años posteriores, llegando a 2021 a los aproximadamente 1.500, pero en 2022 y en 2023 volvieron a crecer hasta alcanzar los 2.000, guarismos que no se veían desde hace bastantes años.
En definitiva, una situación compleja que sigue causando estragos tanto en Castilla y León, con más de 5.500 cabezas de ganado muertas -un 9 % más que en 2022 y un 30 % más que en 2021-, como en Zamora, con 988 muertes, y que pone de manifiesto la necesidad de abordar este grave problema comunitario y, por ende, provincial.



