El humo llegó antes que las llamas. Después llegaron las evacuaciones, los mensajes de alerta en los teléfonos móviles, las carreteras cortadas, las noches sin dormir y la incertidumbre de casi un millar de vecinos que abandonaron sus casas sin saber si volverían a encontrarlas en pie. Tres días después, el perímetro está estabilizado, pero el incendio de Fermoselle sigue activo y Sayago comienza a contar las heridas de una tragedia que ya forma parte de la historia reciente de la provincia.

Miércoles: cuando el fuego dejó de ser un incendio para convertirse en una emergencia
Lo que comenzó como un incendio forestal en el término municipal de Fermoselle se transformó en pocas horas en una de las mayores emergencias vividas en Zamora desde los grandes fuegos de los últimos años.
El viento convirtió las llamas en un enemigo imprevisible. Mientras los primeros medios trataban de contener el avance, el incendio comenzó a acercarse peligrosamente al casco urbano de Fermoselle, a explotaciones agrícolas, viviendas y a la residencia de mayores.
La provincia contuvo la respiración cuando comenzaron a llegar los primeros mensajes de ES-Alert a los teléfonos móviles. Primero fueron cinco pueblos. Después siete. Luego doce.
Formariz, Fornillos de Fermoselle, Mámoles, Pinilla de Fermoselle, Palazuelo de Sayago, Cibanal, Zafara, Muga de Sayago, Argañín, Badilla, Cozcurrita y Tudera fueron quedándose vacíos mientras casi un millar de vecinos emprendían el camino hacia Bermillo de Sayago.
Muchos cerraron la puerta de casa sin saber si volverían a abrirla. Otros ni siquiera tuvieron tiempo de mirar atrás.
El pabellón de Bermillo dejó de ser un polideportivo para convertirse en refugio. Colchonetas, mantas, botellas de agua, abrazos y teléfonos que no dejaban de sonar componían una imagen tan dura como silenciosa. Fuera, el cielo había cambiado de color.
Mientras tanto, las carreteras se iban cerrando una tras otra y el operativo seguía creciendo hasta obligar a movilizar a la Unidad Militar de Emergencias. Al caer la noche desaparecieron los helicópteros y los hidroaviones. La batalla contra el fuego pasó entonces a librarse únicamente desde tierra. Fue, probablemente, la noche más larga para Sayago.
Jueves: la esperanza regresa antes que los vecinos
Con las primeras luces del día llegó la primera buena noticia. El trabajo realizado durante la madrugada permitió contener parte del avance del incendio y comenzar a levantar algunas de las restricciones que apenas unas horas antes parecían inevitables.
Fermoselle dejó atrás el confinamiento. Poco después empezaron a regresar los vecinos de Formariz, Cibanal, Palazuelo de Sayago, Fornillos, Zafara, Argañín, Badilla, Cozcurrita y Tudera.
Solo Mámoles y Pinilla de Fermoselle seguían esperando la autorización para volver a casa.
El incendio continuaba siendo peligroso. El viento seguía condicionando cada decisión del operativo y el perímetro obligaba a mantener un enorme despliegue de medios nacionales e internacionales. Pero algo había cambiado.
En Bermillo comenzaron los primeros abrazos de quienes podían regresar. Otros seguían mirando el teléfono esperando una llamada que confirmara que había llegado su turno. La emergencia seguía activa, aunque por primera vez la esperanza comenzaba a abrirse paso entre el humo.
Viernes: el regreso a casa frente a un paisaje irreconocible
La tercera jornada comenzó con una sensación que durante las primeras horas del incendio parecía imposible.
Los trabajos nocturnos habían conseguido consolidar buena parte del perímetro y los esfuerzos del operativo se concentraban ya en impedir que el fuego abandonara los cañones del Duero y volviera a poner en peligro a los pueblos.
Uno a uno fueron regresando los vecinos que todavía permanecían evacuados.
Mámoles y Pinilla de Fermoselle fueron las últimas localidades en recuperar a sus habitantes. También quedaron reabiertas todas las carreteras y el incendio entró en una nueva fase.
Desde el Puesto de Mando Avanzado, la Junta confirmó que el perímetro estaba estabilizado, aunque insistió en mantener la máxima prudencia.
El regreso, sin embargo, no fue una celebración.
Muchos volvieron para encontrarse con encinas centenarias reducidas a ceniza, explotaciones calcinadas y un paisaje completamente negro. En algunos casos, las llamas habían llegado hasta la puerta de las viviendas y solo el trabajo de los equipos de extinción evitó daños mayores.
Las primeras estimaciones apuntan a más de 10.000 hectáreas afectadas, una cifra que resume la magnitud del incendio, pero que resulta incapaz de explicar lo que han vivido quienes lo han sufrido desde dentro.
La tragedia alcanzó incluso a las tradiciones. Fermoselle decidió aplazar el inicio de sus fiestas y la Campana Torera, que cada verano anuncia el comienzo de San Agustín, permaneció en silencio por primera vez por culpa del fuego.
Una historia que aún no ha terminado
Aunque el perímetro ya no avanza y los vecinos han regresado a sus casas, el incendio sigue activo y los equipos de extinción continúan vigilando cada punto caliente para evitar reactivaciones.
Sayago empieza ahora otra batalla, mucho más lenta y silenciosa: la de recuperar sus montes, sus explotaciones y una normalidad que nunca volverá a ser exactamente la misma.

Porque las llamas acabarán apagándose. Lo que tardará mucho más en desaparecer será el recuerdo de aquellos tres días en los que una comarca entera miró al horizonte con el corazón encogido, esperando que el viento dejara, por fin, de soplar.



