La diócesis de Zamora celebró ayer, lunes 29 de junio, la ordenación de Miguel Ángel Conejor y José Ramón Pérez como nuevos diáconos permanentes, en un acto litúrgico que tuvo lugar en la iglesia de Cristo Rey y que reunió a familiares, sacerdotes, diáconos y fieles de distintas realidades eclesiales.

La ceremonia, presidida por el obispo Fernando Valera, se desarrolló en el marco de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, una festividad que el prelado utilizó para subrayar la diversidad de carismas dentro de la Iglesia y la llamada común al servicio.
“Dios no elige a los perfectos, sino que capacita a los que se reconocen necesitados de misericordia”, recordó el obispo durante su homilía, en la que insistió en que el ministerio ordenado nace de la gracia y no de la perfección personal.
Dirigiéndose a los nuevos diáconos, Valera destacó que “vosotros sois el rostro vivo de Cristo servidor”, y definió el diaconado como una vocación de entrega que se expresa en la cercanía, la humildad y el servicio a los demás.
El obispo subrayó también la dimensión social de este ministerio, especialmente en una diócesis marcada por la dispersión rural y el envejecimiento de la población. “Sois presencia en la dispersión”, afirmó, destacando el papel de los diáconos como vínculo de una Iglesia que acompaña a quienes viven en los pueblos más pequeños y aislados.
La homilía incluyó además una llamada a la solidaridad con los más vulnerables y un recuerdo a las personas afectadas por las recientes inundaciones en Venezuela, invitando a la comunidad a vivir una fe comprometida con el servicio y el cuidado del prójimo.

La celebración concluyó con la bendición a los nuevos diáconos, que inician ahora su ministerio al servicio de la Iglesia zamorana como signo de esperanza y comunión para toda la diócesis.




